Sus padres Meier e Inés, como tantos judíos de la Europa Oriental, buscaron suerte en América. Junto a sus dos primeros hijos, Ana y Arón, llegaron a Berisso en 1930, donde nació Mauricio el 10 de octubre de 1931 en la casa de la calle Nueva York al 4962. Recién en 1945 toda la familia se radicó en La Plata. Desde el mismo momento de la mudanza a La Plata, Mauricio se enamoró de la profesión de fotógrafo. Con su papá y hermano constituyeron una de las casas de fotografía más importantes de La Plata, Foto Rosenfeld, que cerró definitivamente recién en 2002. Este local se especializaba en la foto carné y en los revelados, impresiones y reproducciones para profesionales y aficionados, y por ella pasaron personalidades de la Ciudad como Vucetich, Barba, Oitavén, Rascio, Cianflone, Barletta y Mamonni, entre tantos otros.Si bien la más importante, la fotografía no fue su única pasión. Amaba el ajedrez, cuya práctica supo inculcar a sus tres hijos. Gozaba con la música judía, los conciertos para violín, el tango y la ópera; las películas de Boris Karloff, los cuentos de Sherlock Holmes y el humor de Pepe Biondi.
Mauricio Rosenfeld (fotógrafo)
Sus padres Meier e Inés, como tantos judíos de la Europa Oriental, buscaron suerte en América. Junto a sus dos primeros hijos, Ana y Arón, llegaron a Berisso en 1930, donde nació Mauricio el 10 de octubre de 1931 en la casa de la calle Nueva York al 4962. Recién en 1945 toda la familia se radicó en La Plata. Desde el mismo momento de la mudanza a La Plata, Mauricio se enamoró de la profesión de fotógrafo. Con su papá y hermano constituyeron una de las casas de fotografía más importantes de La Plata, Foto Rosenfeld, que cerró definitivamente recién en 2002. Este local se especializaba en la foto carné y en los revelados, impresiones y reproducciones para profesionales y aficionados, y por ella pasaron personalidades de la Ciudad como Vucetich, Barba, Oitavén, Rascio, Cianflone, Barletta y Mamonni, entre tantos otros.Si bien la más importante, la fotografía no fue su única pasión. Amaba el ajedrez, cuya práctica supo inculcar a sus tres hijos. Gozaba con la música judía, los conciertos para violín, el tango y la ópera; las películas de Boris Karloff, los cuentos de Sherlock Holmes y el humor de Pepe Biondi.José Krakover (Fotógrafo)

Nacido en el otrora Imperio Austrohúngaro, en la ciudad de Tarnów, en el año 1883, José, hijo de Jacob Krakover y Mina Kuperman, participó de la guerra ruso-japonesa y forzado por la situación política, social y militar de la época, decide junto a su pareja emprender nuevos rumbos hacia las Américas. Recaen en la ciudad de Buenos Aires, Argentina donde establecen su primer domicilio en la calle Camargo 2073 de la Ciudad de Buenos Aires.
José una vez establecido comienza a ejercer su profesión de fotógrafo profesional, habiendo traído sus propias cámaras fotográficas, muy avanzada para la época. Rapidamente es reconocido y comienza a ganar popularidad entre sus pares, por sus dotes tanto en la exposición fotográfica (se utilizaban flashes de magnesio cuya ignición se provocaba manualmente para iluminar), notas gráficas, taller de grabados, asi como el retoque de las mismas. Luego residen en el Partido de Campana, donde alrededor de 1915 establece un taller de fotografía, taller de cuadros y retoques a lápiz, LA ARTÍSTICA, en calle Rivadavia 279 de esa localidad.
José se casa con Esther Kosovsky, hija de Simón Kosovsky y Sara Kiper, natural de Odesa en Rusia. De ellos nace una fructífera familia de ocho hijos, de los cuales varios se dedican a la fotografía. Ellos son:
Paise Krakover, el 07 de noviembre de 1909, en Capital Federal. León Krakover, el 11 de abril de 1912, en Capital Federal. Fotógrafo de profesión. María Krakover, 17 de enero de 1914, en San Fernando. Enrique Krakover, 29 de noviembre de 1915, en Capital Federal. Fotógrafo. Ida Krakover, 22 de junio de 1917, en Campana. Iluminadora de estudio fotográfico. Boris Krakover, 15 de abril de 1919 en Campana. También reconocido fotógrafo gráfico en la localidad de Campana y La Plata. Fanny Clara Krakover, 21 de octubre de 1924, en La Plata. Mauricio Krakover, 28 de diciembre de 1926.
José Krakover fallece de una enfermedad terminal el 28 de abril de 1957, en el Instituto General San Martín, de la ciudad de La Plata. (wikipedia)
Osvaldo Pamparana Ciudadano Ilustre
El Concejo Deliberante de La Plata declaró Ciudadano Ilustre al doctor Osvaldo Pamparana, por su destacada y ejemplar trayectoria en el ámbito de la cultura nacional y popular a través de la obra de Florencio Molina Campos.La sesión se desarrolló hoy en el recinto del cuerpo legislativo, ubicado en la planta baja del Palacio Municipal, de calle 12 entre 51 y 53.
Cabe destacar que el Dr. Pamparana actualmente continua ejerciendo su profesión y brindando conferencias, es columnista de la revista El Federal y asiduo participante del programa Rastrilladas, que se emite en el canal local de la ciudad de La Plata".
OSVALDO R. PAMPARANA bioquímico/ documentalista
Se radica en nuestra ciudad en el año 1966 para cursar estudios universitarios los que completa egresando como Bioquímico de la Universidad Nacional de La Plata en 1972, profesión que ejerce en la actualidad.
Simultáneamente a su carrera universitaria; demuestra interés por el conocimiento de la historia, la geografía, las costumbres, tradiciones y las distintas manifestaciones culturales de nuestro territorio lo que lo lleva a recorrer el país y plasmar sus experiencias de viajes en audiovisuales documentales (Patagonia 70 – Bajo La Sombra de tres Banderas, etc.). Mas tarde y con el mismo objetivo de transmitir sus impresiones de nuevos lugares y nuevas culturas, realiza lo que hoy constituye una importante parte de su producción documental:
ITALIA: “El Renacimiento Italiano”
FRANCIA: “El Impresionismo Francés”
ESPAÑA: “Lo Mejor del Museo del Prado”
GRECIA: “La cultura Helénica”
TURQUIA
Auspiciado y avalado por: La Secretaria de Cultura de la Nación, Subsecretaria de Cultura de la Provincia de Bs.As., Universidad Nacional de La Plata, Instituto Italiano de Cultura y Delegación General de Alianzas Francesas; ha realizado más de 1000 presentaciones de sus documentales por todo el país representando sin dudas el acervo cultural logrado en su ciudad de adopción
Incesante en la realización de nuevos documentales figuran entre otros y que han merecido el apoyo del público en general y de la prensa en particular:
INDIA Imperios Milenarios
CHINA Imperios Milenarios
JAPON Imperios Milenarios
CANADA “Desde el Mar hasta el Mar”
ALASKA “La Ultima Frontera”
AFRICA “Safari fotográfico a los grande animales”
RUSIA “Desde San Petesburgo hasta Samarkanda”
EGIPTO “Río Sagrado y los Grandes Templos”
Últimos títulos
EXPEDICION ANTARTICA “Una Aventura diferente en una Naturaleza diferente”
EXPEDICION AMAZONICA “La firma de Dios sobre el Continente Americano”
EXPEDICION GALAPAGOS “Las Islas Encantadas”
Sin embargo por lo que más se ha destacado en los últimos años y por lo que ha merecido el elogio del público general y la aprobación de la crítica especializada es por su difusión de la CULTURA NACIONAL Y POPULAR a través de la obra de FLORENCIO MOLINA CAMPOS; y sus dos programaciones:
1. - “LA ESENCIA DEL MARTIN FIERRRO ILUSTRADA POR
MOLINA CAMPOS”
2. - “MOLINA CAMPOS UN PINTOR PARA EL ASOMBRO.”
En el año 1989, auspiciado por la Fundación Banco de la Provincia de Bs. As y representado a la ciudad de La Plata viajo a cada uno de las ciudades cabeceras de partido, en donde presento sus programaciones. Previamente a cada una de sus presentaciones y a manera de introducción proyecta un breve documental “La Plata ciudad soñada” que muestra los principales edificios públicos de nuestra ciudad poniendo de manifiesto de esta manera el origen de donde provino el conferencista y la programación a presentar
Esta gira tuvo una duración de dos años y fue distinguido por su tarea de difundir las más genuinas expresiones de la cultura nacional en general y bonaerense en particular con los premios:
1.- “Arturo Jauretche” por la difusión de la Cultura Nacional”
2.- “Ignacio Colliqueo Prov. de Bs. As.”
En el año 1992 fue invitado para integrar la embajada cultural argentina que llevo nuestra cultura a países europeos tan exóticos como la Ex Unión Soviética; dejando un sello indeleble del acontecer cultural de nuestro país.
Durante el año 1993 con el auspicio de la Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Bs.As nuevamente recorre las principales ciudades del interior bonaerense. Recibe la distinción
3.- “Mención Especial del Premio “José María Vilches” de Mar del
Plata.”
En el año 1994 fue invitado por la Embajada Argentina en Paris para presentar la obra de Molina Campos en la ciudad Universitaria Internacional. Recogiendo calidas y expresivas felicitaciones
A su regreso continuo con la tarea encomendada y organizada por la Cámara de Senadores
En 1995 recorre distintas ciudades capitales de provincias argentinas
Auspiciado por el ex Banco Municipal de La Plata participa con un éxito por demás resonante en la Feria Internacional del Libro (Bs.As.)
En el año 1996 fue invitado para participar de la embajada cultural argentina para concurrir a la ciudad de VACARIAS en la república del Brasil (encuentro cultural del Mercosur). En nuestra ciudad de La Plata fue distinguido por su quehacer cultural con el premio
4.- “San Francisco de Asís” La Plata
Desde el año 1997 y continuando en la actualidad tiene a su cargo la curaduria de la versión platense de la Exposición de cuadros de Florencio Molina Campos con la cual recorre nuevamente la Provincia de Buenos Aires e importantes ciudades del interior del país. Se suceden nuevos viajes al exterior y en nuestra ciudad de La Plata presenta su nueva programación en numerosas empresas privadas, escuelas públicas, Instituciones Intermedias y Colegios profesionales (Veterinarios, Abogados, Médicos. Odontólogos, Escribanos etc.)
Desde hace más 10 años se desempeña como conferencista permanente del Colegio de Escribanos de la Provincia de Bs. As y de sus 17 delegaciones a las que viaja en forma regular cada año
A lo largo de todo el año 2002 y 2003 participa del ciclo “Por la Identidad Cultural Bonaerense” realizado en la Cámara de Diputados de la Provincia de Bs.As.: en donde mas de 25.000 niños y jóvenes se contactaron, en el propio recinto de la Cámara, con las mas estas genuinas expresiones de nuestra cultura: Molina Campos y José Hernández
Sin embargo la presentación que se constituyo en un verdadero jalón en la difusión de la cultura nacional es la realizada en
1.- Puerto Argentino (2/2003) (Islas Malvinas)
En el año 2005 participo diariamente como conferencista invitado en la Exposición llevada a cabo en el Teatro Argentino de La Plata; lo que marcaría otro hito en la difusión de la obra de Molina Campos
En enero del año 2006 es invitado como representante de nuestra ciudad para viajar a Antartida en donde presenta sus conferencias y exposición sobre Molina Campos, primero a bordo del Buque oceanográfico Ushuaia y luego en la Base Argentina Jubany. Tanto los medio locales (Diarios El DIA y HOY) como nacionales pusieron de manifiesto la importancia de transportar la rica expresión de la cultura nacional a tan recónditos lugares del planeta. El diario El DIA titulo “Molina Campos de La Plata a la Antartida” y lo designa, por su pasión por la difusión cultural como “El Personaje de la Ciudad”
En el mes de julio del mismo año llegaría la máxima consagración. Fue postulado por la Liga de Madres de Familia como representante de La Plata para recibir el importante Premio Santa Clara de Asís 2006. Luego de ser considera dicha postulación a nivel central; en agosto se le otorgo dicho premio por su trayectoria dedicada a la difusión de la cultura nacional
En la actualidad tiene a su cargo el comentario sobre Molina Campos en la revista de aparición semanal y tirada nacional El Federal. En nuestra ciudad comenta también semanalmente la obra de Molina Campos por Multicanal en el programa rastrilladas
Por su trayectoria y su quehacer cultural; el 18 de junio de 2007 fue declarado CIUDADANO ILUSTRE por el Concejo deliberante de la Municipalidad de La Plata
Sus programaciones han sido o son auspiciadas, entre otras, por las siguientes Instituciones:
1.- SECRETARIA DE CULTURA DE LA NACION
(Exp. Nº 3022 – Res. S.S.A.C. nº 884)
2.- SECRETARIA DE CULTURA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES.
(Exp. Nº 5839 – 1.301.391 – Res. 5070)
3.- DIRECCION GENERAL DE ESCUELAS PROV. DE BUENOS AIRES.
(Resolución Nº 4327/95)
4.- FEDERACION DE ASOCIACIONES DANTE ALIGHIERI
5.- ASOCIACION ALIANZAS FRANCESA EN ARGENTINA
6.- UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
(Exp. Nº 25.903/84 – Res. Nº 847)
7.- CAMARA DE SENADORES PCIA. DE BUENOS AIRES.
8.- CAMARA DE DIPUTADOS PCIA DE BUENOS AIRES.
9.- FUNDACION BANCO PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Matilde Alba Swann
Matilde Alba Swann, es el seudónimo de Matilde Kirilovsky de Creimer.Hija de Aliaquin Kirilovsky y Emma Ioffe, nació el 24 de febrero de 1912.
Casada con Samuel Creimer, madre de cinco hijos.
Fue bachiller con la Promoción 1929 del Colegio Superior de Señoritas hoy Liceo Victor Mercante.
Se recibió de abogada en 1933 a los 21 años en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata.
El diario El Día de La Plata, en su edición de 9 de diciembre de 1933 publicó la siguiente noticia :
“La cada vez más acentuada participación femenina en las diversas actividades de la vida pública, incorpora al foro platense una abogada cuya inteligencia y dinamismo serán una prueba más de la importancia del aporte de la mujer en las gestiones ciudadanas. Así lo hace esperar la destacada carrera profesional , los brillantes exámenes finales con que ha dado término a su carrera la doctora Matilde Kirilovsky, recientemente graduada en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de nuestra Universidad” Ejerció la profesión durante más de 50 años con el respeto y cariño de sus colegas. Se la recuerda logrando la absolución de la recordada uxoricida Remberta Nieves, o interponiendo resonantes acciones de amparo persiguiendo mejorar la situación de los indefensos. Extracción de sangre de menores tutelados; sufragio de los menores tutelados. Trato inhumano a los internados del Hospital Melchor Romero. Fue presidente de la Comisión de Minoridad del Colegio de Abogados e integró su Tribunal de Disciplina. Fue asesora en temas de minoridad del Ministerio de Acción Social, del Ministerio de Salud y de diversos Gobernadores de la Provincia de Buenos sin distinción de banderías políticas.
Canción y grito (1955)
Salmo al retorno (1956)
Madera para mi mañana (1957)
Tránsito del infinito adentro (1959)
Coral y remolino (1960)
Grillo y cuna (1971)
Con un hijo bajo el brazo (1978)
Crónica de mi misma (1980)
Recibe innumerables premios, menciones y honores, entre los que se destacan:
Promoción para el premio Nobel de Literatura 1992;
Premio Santa Clara de Asís de 1991;
Premio Provincia de Buenos Aires -poesía- 1991;
Recibe una de las primeras "Orden del Buen Vecino",
Premio Municipal de Literatura de La Plata;
3er. Premio de poesía Augusto Mario Delfino,
Fajas de honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia;
Ofrenda de las Instituciones representativas y fuerzas vivas de La Plata por su dedicación de eminente poeta y eterna defensora de la minoridad.-
Recibió la estatuilla Stella Maris.
Integró jurados de premios nacionales como el "Forti Glori", provinciales y municipales;
Mención del club Universitario de La Plata;
Mención de la Asociación Femenina de Periodistas del Perú;
Integró la Comisión de Honor del Primer Encuentro Latinoamericano de Poetas (diciembre 1984);
Fue designada Mujer Notable de la Comunidad, por el Rotary Internacional Filial La Plata;
Premio Dedicación a la Minoridad otorgado por el Ateneo Rotario;
La Biblioteca Braille le tradujo su ultimo libro al idioma Braille;
Accésit al premio Almafuerte;
2do. Premio de Poesía Ilustrado Municipalidad de La Plata - 1971;
3er. Premio de Poesía Ilustrada Municipalidad de La Plata; 2do.
Premio de Asociación Judicial Bonaerense.
Fue Presidente de la Filial La Plata de la Sociedad Argentina de Escritores.
Como periodista condujo audiciones de literatura en las radios Provincia de Buenos Aires y Universidad de La Plata; fue colaboradora permanente del Diario El Día de La Plata. Fue corresponsal de guerra del Diario El Día en la guerra de las Malvinas; fue colaboradora de la Página literaria del Diario La Capital de Mar del Plata.
Con posterioridad a su fallecimiento ocurrido en la Ciudad de La Plata, el 13 de setiembre de 2000, algunos distritos del Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires entregan a los que juran el poema de Matilde "Creo en tu ciencia" ilustrado por Enrique Arrigoni. Asimismo, la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, entrega a sus egresados conjuntamente con su diploma, la prosa poética "La poesía del derecho". Asimismo, el Concejo Deliberante de la Ciudad de La Plata la declaró Ciudadana Ilustre post mortem el 24 de agosto de 2005.
TEBALDO RICALDONI
Fue considerado una eminencia científica. El Museo de Física de la facultad de Exactas rescató su obra en una exposición (El gran inventor platense olvidado por la historia). RENE FAVALORO
Genio de la medicinaSe recibió de médico en 1949 en la Universidad Nacional de La Plata, haciendo su residencia como discípulo de otro prestigioso profesional platense, José María Mainetti, en el área de Cirugía General del Policlínico General San Martín de nuestra ciudad.
Para entonces ya estaba casado con María Antonia Delgado, quien durante las siguientes cinco décadas lo acompañaría en todas las actividades que emprendió, hasta su muerte, en enero de 1998.
Cuando terminó su primer curso de postgrado, también en Cirugía General, en el Hospital Rawson de Buenos Aires, Favaloro decidió iniciar la práctica privada como médico rural junto a su hermano Juan José en Jacinto Aráuz, un pueblito del sur de la provincia de La Pampa, a 130 kilómetros de Bahía Blanca, donde ejerció entre noviembre de 1950 y enero de 1962.
Falto de oportunidades laborales que le permitieran crecer en su especialidad, viajó entonces a la ciudad de Cleveland, en el estado de Ohio, Estados Unidos, donde la célebre Cleveland Clinic Foundation lo acogió primero por tres años y medio como estudiante -desde febrero de 1962 hasta agosto de 1965-, y lo nombró luego miembro de su staff, desde finales de 1966 y hasta junio de 1971.
Pero la jornada que le cambiaría la vida fue la del 30 de noviembre de 1967, cuando se convirtió en el primer médico en el mundo en realizar una operación de anastonosis -popularmente "by pass"- en la arteria coronaria. Favaloro fue el creador de esa técnica, que se considera ahora una piedra fundamental de la cirugía cardíaca y que le valió, 25 años después de aquella primera operación, que el New York Times lo definiera como un "genuino héroe mundial" que ayudó a salvar millones de vidas.
Sin embargo, cuando comenzaban a surgir los primeros reconocimientos mundiales y tras una década profundizando sus conocimientos y desarrollando nuevas técnicas quirúrgicas en los Estados Unidos, regresó al país para quedarse para siempre, asumiendo primero como docente de la Universidad de Córdoba y luego como director del Departamento de Diagnóstico y Tratamiento de Enfermedades Torácicas y Cardiovasculares de la Fundación Gilemes.
Su vida profesional mostró otro salto cualitativo en 1975, cuando organizó y planificó la fundación que lleva su nombre y que se centra en la docencia y experimentación de toda la actividad cardiológica. Firme propulsor de la educación como eje fundamental para el crecimiento armónico y en pacífica convivencia de los pueblos, su pasión por el desarrollo del país lo llevó a condenar sin medias tintas el período violento argentino de los años 70 -al que definió como de "guerra fratricida"- y, 20 años después, los ataques sufridos por la Embajada de Israel y la Amia, participando en actos del grupo Memoria Activa frente a los Tribunales porteños en enero de 1997.
Integrante activo de una treintena de sociedades médicas nacionales e internacionales, entre las más relevantes se encuentran la American Medical Association, la Societé Internationale de Chirurgie, el American College of Surgeons, el American College of Chest Physicians, la Asociación Médica Argentina, el Colegio Argentino de Cirujanos, la Sociedad Argentina de Cirugía Torácica y Cardiovascular, y la Sociedad Argentina de Cardiología, como así también las entidades equivalentes de México, Uruguay y Paraguay.
Miembro honorario de las academias y sociedades médicas de Brasil, Chile, Perú, Panamá, Ecuador y Costa Rica, en su dilatada trayectoria dictó conferencias y cursos académicos en todo el mundo. Entre otros países, lo agasajaron en Colombia, Bolivia, Venezuela, Perú, Brasil, Canadá, Australia, Sudáfrica, Armenia, Italia, Francia, España, Alemania, Rusia e Inglaterra, donde además fue invitado de honor al VI Congreso Mundial de Cardiología, celebrado en septiembre de 1970.
Consultor del Centro Oncológico de Excelencia creado por el profesor José María Mainetti, fue también presidente del Colegio Argentino de Cirujanos Cardiovasculares y de la Sociedad de Cirugía Torácica y Cardiovascular Argentina.
Obtuvo una larga lista de premios y distinciones, entre las que cabe recordar los concedidos por el American College of Surgeons, la American Medical Association y la Sociedad Internacional de Cirugía, las medallas de oro de la Ohio State Medical Association, la Orden del Sol del Perú, los tres premios de la Academia Nacional de Medicina, el premio Konex de brillantes de 1993, y numerosas menciones honorarias y condecoraciones.
Por todos estos lauros, el 6 de septiembre de 1974 la Universidad Católica de Córdoba lo nombró Doctor HonorisCausa y, con los años harían lo propio la Universidad de Tel Aviv, para luego ser designado académico de número de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1976, y de la Academia Nacional de Medicina, el 16 de julio de 1986.
Para entonces, ya había escrito más de 250 trabajos de su especialidad y efectuado casi 14 mil operaciones de by pass y en 1992 había comenzado a construir la clínica con la que siempre soñó: el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. considerado uno de los centros de salud más relevantes de América Latina, su costo final trepó a los 55 millones de dólares y su nivel de excelencia se equipara a cualquier clínica de los Estados Unidos, país al que siempre tomó como punto de referencia.
Dueño además de una clara línea de pensamiento, se destacó siempre por defender a la Universidad pública, en la que incluso fue delegado estudiantil, pero rescatando la necesidad de iniciar lo que llamaba "una nueva reforma universitaria", que estableciera un examen de ingreso y un arancel general, lo que le valió arduas discusiones con otros prestigiosos académicos. Pero Favaloro, como siempre, no se amedrentó entonces ante la reacción pública y se mantuvo firme en sus convicciones.
Sor MARIA LUDOVICA
La mujer de los milagrosPor Facundo Bañez
Había nacido en la madrugada de un 24 de octubre de 1880 con el nombre de Antonia. Era la primera de una familia de ocho hermanos criados y educados por el matrimonio entre Ludovico De Angelis y Santa Colaiani, dos campesinos de San Gregorio, un pueblito de calles angostas y polvorientas de la provincia de L' Acquila ubicado a unos 70 kilómetros de Roma. Los De Angelis vivían en una derruida casona solariega donde la tradición familiar marcaba una sola cosa: quien nacía en esa tierra, trabajaba y moría en esa tierra.
Así lo recibió "Antonina" en su infancia y así lo cumplió con rigurosa dedicación hasta los 25 años, cuando supo que su vida no estaba en esos parajes de mediodías al sol sino en unos más reservados y silenciosos: los parajes de la fe. La primera en saberlo fue su madre, pero Santa Colaiani le dijo a su hija lo único que podía decir una mujer del 1900 en una Italia rural y devota: "Que decida tu padre".
Fueron palabras premonitorias, porque a los pocos días Ludovico reunió a toda la familia y les comunicó la decisión: Antonina los dejaría para ordenarse como monja en un noviciado de Savona. Ni Santa ni Antonia supieron nunca qué fue lo que hizo decidir a don Ludovico luego de largas peleas y repetidas negativas, pero hay quienes juran y perjuran que detrás de esa dolorosa autorización se escondió el ruego discreto pero tenaz de Anselmo, el viejo párroco de San Gregorio con el cual Antonia compartía desde chica sus secretos más celados.
Haya o no haya sido el pedido del párroco del pueblo lo que terminó de convencer a Ludovico, lo cierto es que el 3 de mayo de 1905 Antonia ingresó al noviciado de las Hijas de Nuestra Señora de Misericordia y recibió el nombre de Sor María Ludovica, y apenas unos meses después hizo sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Sin embargo, sus días de oración y trabajo comunitario en el convento de Savona no duraron mucho, acaso menos de los que esperaba la propia Ludovica, quien a mediados de 1907 recibió la orden de ir a misionar junto a otras hermanas a hospitales y colegios de Sudamérica.
Fatigada por las horas en vela estudiando el español y nerviosa ante semejante cambio de rumbo, Sor Ludovica salió del puerto de Roma el 14 de noviembre de 1907 en el vapor "Lombardía" junto a otras cuatro religiosas de su congregación. Veinte días después, tras largas noches sin tiempo y tardes de horizontes inalcanzables en medio del océano, el "Lombardía" llegaba al puerto de Buenos Aires con una monja cuya historia recién empezaba a escribirse.
Luego de pasar Navidad y Fin de Año en Buenos Aires, durante los primeros días de 1908 Sor María Ludovica recibió la orden de ir al Hospital de Niños de La Plata para encargarse de la cocina, la despensa y la ropería. Eran tiempos en los que al hospital platense se lo conocía como la "casa grande" y su edificio se reducía a una alambrada, un portón y dos salas de piso de madera con algo más de sesenta camas.
Cuentan quienes la conocieron años después que la monja italiana no durmió ni un instante la noche de su llegada, asustada por la nueva oscuridad, y que rezó cuantas oraciones recordaba para conjurar calamidades y acechanzas de la noche, mientras el murmullo de los niños dormidos en los cuartos vecinos se filtraba por los ventanucos de la antigua sala. Sin embargo, fue habituándose poco a poco a los nuevos olores, a los nuevos ruidos, y no tardó mucho en reconocerse en medio de ese reciente paisaje.
Lo primero que hizo al llegar fue colgar un crucifijo en la pared de su cuarto y organizar la comida de cada día. Trató de imponer criterios novedosos y medidas de seguridad hasta ese entonces no tomadas en "la casa grande", pero no le fue tan fácil como había supuesto en sus entusiasmos juveniles, pues la hasta ese entonces precaria casa de salud se empecinaba en sus supersticiones atávicas, como la de creer que los niños que desaparecían de noche era causa de los fantasmas que ingresaban a la hora del descanso.
Al año de haber llegado, el doctor Carlos Cometto le propuso ser la administradora del centro asistencial, y siete años después, tras la muerte de Sor María Rita Libardi, asumió como madre superiora del hospital. Fueron tiempos de mucho sacrificio, tanto que el empeño de la nueva superiora hacía posible que esa precaria casa de salud empezara poco a poco a ser un ejemplo de hospital en el país y el continente.
La rutina de aquellos días incluía un viaje diario que la superiora emprendía con un grupo de chicos subidos en una carreta municipal para pedir donaciones. Todavía la tuberculosis y el tétanos hacían estragos entre los más pequeños, y la idea de pedir ayuda casa por casa era una de las tantas estrategias que Sor Ludovica veía como herramienta digna y noble para pelearle a las enfermedades.
Las horas que le quedaban libres entre las rondas con la carreta municipal, consideradas de vanguardia para la época, y los proyectos para construir nuevas salas y que ella misma se encargaba de planificar, las consagraba a enriquecer sus conocimientos médicos. Había llegado a tener tanta experiencia en el trabajo hospitalario que a veces ella misma ayudaba a los médicos en operaciones de urgencia, aplicando una careta con éter y cloroformo para anestesiar a los enfermos y hasta colaborando con el vendaje final de una herida.
Entre los años 1925 y 1932 el esfuerzo de Sor Ludovica hizo posible que se construyera el pabellón de cirugía, otro para lactantes y enfermos de otorrinolaringología, un departamento para médicos internos, un salón de sesiones científicas, el servicio de rayos X, consultorios externos, el servicio de odontología, la farmacia, el vestíbulo, la capilla y el lavadero mecánico. En 1934, incluso, la superiora promovió también la construcción de seis salas para enfermos de ambos sexos con capacidad para 180 chicos.
Uno de esos chicos, Diómedes Corneli, ingresó al hospital el 13 de agosto de 1930 con una grave neumonía, y al morir su madre mientras él estaba internado, el destino quiso que quedara al cuidado de Sor María Ludovica. "Ella nos cuidaba como una madre -contaría Corneli mucho tiempo después-. Es más: ella fue quien me salvó la vida".
Lo que cuenta Diómedes ocurrió una tarde de 1934, cuando él y otros chicos estaban en el patio jugando a la pelota. Un pelotazo del pequeño Diómedes fue a parar a los techos del hospital y todas las miradas lo acusaron con un claro y silencioso mensaje: debía ser él quien fuera a buscar la pelota. Diómedes miró a sus amigos con una súplica recóndita de temor, pero ya era tarde y sabía lo que tenía que hacer. Fue así que trepó los cinco metros que separaban el suelo del techo y, ante la mirada atónita y algo temerosa de sus compañeros, trató de manotear la pelota. Trató pero no pudo. En una mala maniobra, pisó mal y fue a parar de cabeza contra el suelo. En un segundo, el patio tranquilo se convirtió en un pequeño charco de sangre y fue invadido por el griterío aterrado de los pibes.
Estuvo tres días en coma, y al tercer día los médicos resolvieron hacerle una delicada cirugía de cráneo. Pero Sor Ludovica se opuso. Nadie sabía por qué, pero ella dijo simplemente que había que esperar. Así lo hicieron, y al día siguiente el pequeño Diómedes abrió los ojos milagrosamente.
Mientras Diómedes se recuperaba y volvía a dar sus primeros pasos, los médicos de la casa de salud se miraban unos a otros sin entender y sin siquiera animarse a pronunciar la palabra sagrada: milagro. Así y todo, y acaso venciendo el respeto sacramental que impartía la italiana, uno de ellos se acercó una tarde a Ludovica y, casi en voz baja, le preguntó por qué se había negado a que se hiciera la operación. La superiora apenas sonrió y, haciendo uso de esa parquedad cordial que alguna vez alguien le elogió, dijo sin inmutarse: "Dios me dijo que no era necesario".
Acaso el trabajo, las horas cansadas y el ir y venir por las calles platenses pidiendo donaciones para el hospital, hicieron que la salud de Ludovica empezara poco a poco a flaquear. En 1935 una dolorosa enfermedad renal la postró durante varias semanas. Los médicos estudiaron el caso y decidieron extirparle el riñón, tras lo cual varias secuelas quedaron en el golpeado cuerpo de la superiora: dolores de cabeza, insomnios, trastornos en las vías urinarias, retención de líquido, hemorragias y una tremenda hinchazón de piernas que la hacía caminar con un andar demasiado lento para quienes la habían conocido años atrás.
Algún tiempo después de la operación, la congregación de religiosas del hospital le propuso a Sor Ludovica tomarse un período de descanso, el primero tras casi treinta años de trajines y desvelos. La superiora se embarcó así en el trasatlántico "Giulio Césare" y ya en Italia pasó sus días visitando laboratorios y hospitales para traer experiencias nuevas en su regreso a la Argentina.
La mañana que volvió al país la bahía berissense era un remanso de aguas tibias. Por encima de la bruma flotante, Sor María Ludovica vio los techos del frigorífico dorados por las primeras luces, vio los palomares en las terrazas de los conventillos cercanos, y orientándose por ellos trató de localizar el lejano lugar en el que debía estar su querido hospital, allá, hacia el oeste, donde suponía que a esa hora los chicos dormían y los médicos empezaban con sus primeras rondas. Esa suposición acaso la llenó de ternura, pero no hizo nada por agigantarla o reprimirla, sino que se valió de ella para hacer lo que ya sabía que tenía que hacer.
A los pocos días de bajar por la explanada del barco y dejar su viaje detrás, el 16 de setiembre de 1937, la superiora pidió ante el ministerio de Obras Públicas una chacra de 47 mil metros cuadrados en City Bell para cultivar y criar animales. El lugar era despejado y tranquilo, con el berrinche de los cerdos amarrados y el alboroto mañanero de las gallinas.
Le siguieron después, en 1943, la construcción de un solario en Mar del Plata y la habilitación de nuevas salas en el hospital platense. En 1951, el ministro de Salud bonaerense Carlos Boccalandro preparó un decreto para que el Hospital de Niños llevara el nombre de Sor María Ludovica pero, por cuestiones administrativas, el homenaje pudo concretarse recién tras su muerte. A Ludovica esa cuestión jamás la inquietó. "No hay mejor homenaje que estar en comunión con Dios", decía siempre, y así lo dijo también pocos días antes de morir, el 25 de febrero de 1962, con 82 años y una titánica obra sobre su encorvada espalda. Ese día, luego de la extremaunción dada por monseñor Antonio José Plaza, las campanas de la Ciudad tañeron lúgubres y el latín de los responsos invadió la capilla del hospital con una suavidad de sábanas recién cambiadas. Esta vez no era arriba de un barco, pero al igual que otras veces la vida de la reciente beatificada monja platense emprendía un nuevo viaje hacia una historia que, aquí también, recién empezaba a escribirse.
PEDRO BENOIT
Hacedor de un plan prodigiosoLa figura de Pedro Benoit, Ingeniero Jefe del Departamento de Ingenieros del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, entrará en escena sólo cuando la gran epopeya fundacional ya había sido decidida. Los debates ardorosos, con el Gobierno de Roca (y Dardo Rocha como su líder) proponiendo la nueva capital, ya habían concluido con la federalización de la ciudad de Buenos Aires como Capital del país, y la decisión de crear una nueva ciudad capital para la poderosa Provincia de Buenos Aires.
Pero entre ese 1880, el 19 de noviembre de 1882, cuando se colocará la piedra fundamental, ya encontramos a Pedro Benoit en arduas tareas, dirigiendo el equipo técnico que trazará los planos de la nueva ciudad, apoyado por el Dr. Dardo Rocha, a la sazón Gobernador, en las elucubraciones que concluyeron en la opción por la localización en los Altos de la Ensenada.
El Departamento de Ingenieros ya era célebre, como veremos más adelante, en un marco de acciones relevantes de agrimensura y fundación de pueblos, como lo había determinado Sarmiento desde su Presidencia casi dos décadas antes. Pero es menos conocida su eventual vinculación a las ideas higienistas que se volcarían a la concepción fundacional, provenientes en el escenario mundial de líderes como Richardson y Chadwick, y en Argentina por los médicos argentinos Rawson y Wilde, y el biólogo italiano Emilio Coni (este último ya muy entrenado con la reconstrucción de Mendoza desde inicios de los `70).
No olvidemos en este ideario la influencia de Julio Verne, con su novela de 1877, "Los 500 millones de la Begum", que la prensa de entonces reconoce como inspiración directa para nuestros higienistas. Pero Dardo Rocha quería una nueva Capital higiénica y Benoit estaba a su lado. Era su ejecutor.
En realidad, Pedro Benoit tenía un doble raíz ( o triple quizás) que lo catapultó a ese rol histórico. Era descendiente de franceses, y tenía estas ideas humanistas ilustradas bien arraigadas en el iluminismo positivista que su país lideró desde el siglo XVII. Ciudades racionales, con planes, boulevares y parques, ya se habían consagrado en la urdimbre francesa del territorio en tiempo de los Luises.
Una segunda raíz, mas tangible: Pierre Benoit, su padre, ingeniero como él, llegó a la Argentina a fines del siglo XVIII, y contribuyó como pocos en las primeras obras públicas después de 1810: diques, canales, edificios prestigiosos. Evidentemente, Pedro tuvo en Pierre un padre orientador.
La tercera -posible- raíz, es que según algunos estudios Pierre Benoit había sido hijo de Luis XVIII, el famoso Delfín desaparecido cuando en la Revolución Francesa se decapito a toda su familia. El Delfín, escondido durante años, habría venido a Buenos Aires a inicios del Siglo XIX. Muestras caligráficas y otras pruebas así lo comprobarían, y su exquisita formación tendría de ese modo una explicación más lógica.
Puestos en 1880 a diseñar la nueva Capital, los ingenieros y arquitectos del Departamento de Ingenieros, aún instalado en Buenos Aires, tendrían a la vista los modelos del arte urbano europeo del siglo XVIII, las primeras ideas de la ciencia urbanística fundada por Ildefonso Cerdá, el autor del Ensanche de la ciudad de Barcelona, y también las retículas norteamericanas, que por entonces se hacían presentes en la fundación de nuevas ciudades, en el proceso de conquista y colonización del Oeste. Sin olvidar algunas buenas lecciones de la ciudad colonial en cuadrícula.
Benoit tenía un grupo excelente de colaboradores, arquitectos e ingenieros, y se percibe a lo lejos que había allí una atmósfera de creatividad formidable.
La planta propuesta por el Arq. Juan Martín Burgos fue sin duda muy inspiradora y éste venía de una experiencia intensa de estudios en Europa, en Italia en particular, donde se había realizado hacia 1870 el Plano para la nueva Capital del Reino de Italia, que realmente tiene grandes similitudes con el que más de 10 años después se decidiera realizar La Plata.
En el propio departamentos de Ingieros se estaban realizando los planes de ciudades como Chivilcoy, que contienen claramente elementos o patrones muy fuertemente vinculados al diseño de La Plata.
En principio, estos elementos son: el asentamiento sobre un área plana y bien drenada, la cuadrícula de manzanas, avenidas o boulevares que organizan la trama, plazas y parques en las intersecciones principales, y diagonales. Un límite general dispuesto para rematar la relación de la ciudad con el ferrocarril y el medio rural.
Parece claro que Benoit y sus proyectistas fueron avanzando alrededor de distintas composiciones de este mismo modelo, al cual se agregó una situación especial para el caso de La Plata: el Paseo del Bosque, como foco del proyecto, aprovechando la existencia allí del Casco de la Estancia de Pereyra Iraola.
El Plano Fundacional del que se dispone en archivo, y que se corresponde con la actual traza de nuestra ciudad, lleva la firma de Pedro Benoit. Y por eso se lo ha considerado el principal responsable del diseño de ese Plan prodigioso.
Considero de interés sólo filológico el empeñarse en saber si fue el propio Benoit o alguno de sus colaboradores, quienes tuvieron más trazos colocados sobre el papel hasta llegar a la mejor idea, sin duda la que se realizó. Cualquiera que participe de un estudio de proyectación o planificación, conoce las idas y vueltas que lleva un diseño y cómo finalmente hay una firma responsable que asume la titularidad por los demás.
No disminuye la valoración de Benoit la cantidad de líneas que él haya puesto sobre el dibujo final del Plano. El Plano salió aprobado y se llevó a cabo.
El Ingeniero Pedro Benoit no sólo realizó el Plan de La Plata, o al menos condujo al equipo que lo realizara. Este gran proyectista fue también el autor del Proyecto de la Catedral, junto con el Arq. Ernesto Meyer, obra destacadísima, y a pesar de todas las críticas que ha recibido por su estilo neo-gótico, perfectamente encuadrada en los criterios estilísticos fundacionales. Cada gran edificio monumental debía tener un estilo acorde a su función (típica premisa del eclecticismo imperante en la época) y la Catedral buscó sus raíces estilísticas en el estilo católico más famoso, el de las Catedrales góticas.
Benoit fue autor también (entre otras obras) del delicioso Observatorio Astronómico, donde en cambio recurrió al estilo neoclásico alemán, en clara alusión a una búsqueda de modernidad acordes con las funciones del observatorio.
Recordemos aquí que la cualidad como "arquitecto" tenía raíces en el padre de Pedro, Pierre Benoit, por lo cual no extraña estas espléndidas realizaciones que supieron combinar una sólida ingienería con una elegante arquitectura.
Es en esta dimensión que la figura de Pedro Benoit se erige aún más poderosa en el marco de la gran epopeya fundacional de La Plata. Sin duda fue Benoit el gran director de obras, el artífice de la rápida ejecución (piénsese que en 1889 La Plata ya contaba con 60.000 habitantes), y en la prodigiosa calidad de esa construcción, de la cual aún hoy gozamos los platenses.
Hubo un tiempo de gestación política, cuyo principal líder fue sin duda Dardo Rocha. Luego hubo un tiempo de gestación del Plan Fundacional, donde Benoit tiene el protagonismo cierto de haber dirigido el grupo de proyectistas y haber aprobado el Plano. Y hubo un tiempo de concreciones, en el cual definitivamente la figura de Pedro Benoit asume el primer liderazgo técnico.
Debe recordarse que en la famosa exposición mundial de Paris de 1889, La Plata fue presentada con bombos y platillos, y su maqueta y sus grandes fotografías demostraron la forma tangible del sueño. Estaba realizada y ya tenía muchos miles de pobladores.
Ello provocó que se le otorgaran a la gesta de nuestra ciudad dos medallas de oro: a la ciudad del futuro, y a la mejor realización construida. En ambas, Pedro Benoit fue un gran protagonista. Por eso, más allá de detalles sobre los cuales la investigación historicista va a seguir echando luz, merece ser considerado uno de los próceres de nuestra ciudad
LOPEZ MERINO
El poeta de las diagonalesLa inscripción debida a Rojas Paz quiere espejar la luminosidad espiritual de su corta trayectoria, el diáfano relieve de su ensoñación poética y también la abrupta e injusta muerte, que cegaba la primavera de su vida. Allí, en medio de la algarabía de presencias infantiles o alternativamente en la serena templanza de la fronda que para él significó inspiración, la ciudad ha testimoniado su tributo permanente a quien le dio lustre y resplandor sin igual.
La frecuente quietud del Bosque parece ser el apropiado ámbito para recordar el sugerente sosiego de su obra. La vitalidad lírica del paseo se conjuga con la suya, y parece exaltar la lozanía de sus canciones interiores.
La Plata no olvida al poeta que cantó el romanticismo de sus gentes, el encanto sedante de sus ambientes y la lánguida y refinada espiritualidad de su vida interior. Las circunstancias inclinan a recordar los vibrantes homenajes que periódicamente exaltan la dimensión de su lirismo selecto.
En 1931, fue presentada en el Teatro Argentino su Obra Completa, que recogió sus dos obras, Tono Menor y Las Tardes, y los poemas póstumos. En la parte final de este volumen, y después de un elocuente exordio de Pablo Rojas Paz, se transcriben poesías de Jorge Luis Borges, Ricardo L. Molinari, González Carbalho, Fernández Moreno, Pedro Miguel Obligado, Mary Rega Molina y Carlos Podestá.
Pero es quizá en la obra de los poetas de La Plata especialmente reunida en la publicación del Círculo de Periodistas de la Provincia -López Merino y su mundo poético- donde reverbera quizá con acento conmovedor el influjo de su estro dulce y fluyente. En ese volumen colaboraron autores que dieron continuidad a la tradición política platense, idealizada en la existencia íntima y en la deslumbrante entonación de las expresiones de López Merino: María de Villarino, Raúl Amaral, Alejandro Denis Krause, Alfredo Fernández García, Natalio Glanzer, Gustavo García Saraví, Horacio Ponce de León y Norberto Silvetti Paz.
Esos fueron los tributos relevantes que se unieron al que el artista Agustín Riganelli concretara con el busto instalado cerca de la gruta del Boque. Pero hay una ofrenda permanente, que se renueva en la conmovedora actitud de quienes han experimentado el gusto estético que trasciende de la obra de uno de los más depurados exponentes de la poesía argentina. Hoy, mucho tiempo después de la trágica desaparición de Panchito, como todos sus allegados lo llamaban, se siguen renovando los testimonios de adhesión en la que fuera su casa natal y en el ámbito donde un busto recuerda su señorío espiritual y la melodiosa sonoridad de su canto.
JUAN VUCETICH
Un verdadero humanista Alfredo Palacios que lo conoció lo suficiente, a su turno, destacó esta relevante personalidad en ocasión de celebrarse el sexagésimo aniversario de la fundación de La Plata, inaugurando en el paseo del bosque platense el conocido monumento llamado Hemiciclo, compuesto de los hermes que honraron a la ciudad (Almafuerte, Ameghino, Korn, Spegazzini y Vucetich). Ninguno nació aquí, todos descansan en la necrópolis platense, y salvo Vucetich (que murió en Dolores), todos fallecieron en La Plata. Como se sabe, en 1941, al cumplirse la media centuria de la instalación del sistema identificatorio de Policía, mediante las impresiones digitales por Vucetich, sus restos mortales fueron traídos a la necrópolis local y depositados en el panteón de la Sociedad de Socorros Mutuos de la Policía que él mismo fundó el 29 de septiembre de 1894 y de la que fue su primer presidente (entidad que funciona en 59 Nº 584). Ya el célebre discurso de Bolívar en el congreso de la Angostura (el 11 de febrero de 1819) daba cuenta del concepto de seguridad social, tema que luego fue precisado como esa actividad primordial del Estado, aunque no exclusiva, tendiente a la satisfacción de todas las necesidades del hombre provenientes de riesgos, infortunios y contingencias, mediante prestaciones adecuadas, sobre las que dieron respuestas la previsión social, la asistencia social, las casas pías, entidades de beneficencia, ayudas, socorros y las mutualidades, entre otras variadas asociaciones, como dicha sociedad de Policía. Ya sabía Vucetich de todo ello, así como del infaltable principio de solidaridad que le da sustento a la seguridad social (o sea, ese sentimiento del hombre que le impele prestarse ayuda mutua).
Ese mutualista y benefactor manifestóse cotidianamente con su vocación de ayuda y de servicio. Así fue que puso en marcha, en 1905, la aparentemente inefable "gota de leche" traducida en la entrega gratis de un vaso de leche y galletas a los hijos de los agentes de policía de escasos recursos. Cuando un núcleo de esclarecidos universitarios se propuso fundar una institución que abordara el integral estudio de los grandes problemas sociales, dice Korn Villafañe, Vucetich se alistó al contingente y fue cofundador de la hoy Universidad Museo Social Argentino el 23 de mayo de 1911 (funciona en Corrientes 1723 de la ciudad de Buenos Aires).
Hijo de Víctor (ocupación tonelero) y de María Kovasevich, el sabio nació el 20 de julio de 1858 en Croacia (Lesina, población de Dalmacia, archipiélago en el Adriático, entonces bajo el dominio del imperio austrohúngaro). Se educó en un convento, y al egresar, plantó dos pinos los que, a su regreso en el viaje de 1913 por el mundo, parecieron como "dos cantinelas viejos, guardando la puerta del sultán" (según Octavio R. Amadeo). Y dirigiendo por entonces, en su juventud, algunas orquestas musicales de afición, otra dimensión de este espíritu con vocación general hacia la "alta cultura", no exclusiva de la filosofía (pues, muchas veces visitaba al viejo Korn, a quien lo tenía como su maestro de metafísica), sino de las regiones superconceptuales, casi místicas, de la música clásica contemporánea (Korn Villafañe), siendo uno de los más sutiles críticos y auditores que hubo luego en el país. Además compuso, ya en Argentina, varias avemarías, valses, mazurkas y antífonas, "Estasi d'amore", "Ayes de un alma", "Río del Danubio", "Hortus conclusus", etc. En los actos oficiales de la Fundación Juan Vucetich, el quinteto de vientos de la Agrupación Sinfónica de la Policía, habitualmente ejecutó la mazurka "Ayes de un alma", cuya partitura fotocopia del original fue llevada a dicha Agrupación. Y además, Vucetich refundó la Banda de Música de la Policía en 1900, haciendo designar director de la misma al maestro Pedro Ruta (padre de Mons. Juan Carlos Ruta).
En la vida de este grande, otra vida comienza el 24 de febrero de 1884 en que pisa tierra argentina arribando a Buenos Aires, junto con su hermano menor Martín (luego padre de Danilo que presidió la Universidad Nacional de La Plata en 1958/1961, dejando para el recuerdo el de una buena gestión) y demás compañeros (tales como Brazanovich, Dulch, Vulgerich e Ivanissevich, luego padre del famoso cirujano Oscar nacido en Buenos Aires el 5 de agosto de 1895). Su primera ocupación en la Capital fue en Obras Sanitarias; pero, el 15 de noviembre de 1888, durante la jefatura de Carlos J. Costa, ingresa al Departamento Central de Policía en La Plata como agente meritorio, sin chapa, en la Oficina de Contaduría y Mayoría, a las órdenes de Ernesto M. Boero, en donde, quizá, ya comenzaban a ponerse de manifiesto en Vucetich algunas aptitudes en el manejo de los llamados objetos ideales (especialmente, las matemáticas), los que luego serían los sólidos sostenes del sistema dactiloscópico (en efecto, harían afirmar nada menos que a Reyna Almandos, entre otros conceptos científicos y técnicos, que el aludido sistema puede ser calificado como "la expresión perfecta de la identidad", en todos sus aspectos, "puesto que es el método infalible y matemático de comprobarla" y porque, además, "todos los elementos esenciales se reúnen científica y orgánicamente"). No en balde se lo llamó "sistema", sobre todo si se tiene en cuenta que por tal se entiende el conjunto de reglas o principios sobre una materia enlazados entre sí. Recuérdese que habría comenzado con su primaria fórmula de 1.048.576 clasificaciones diferentes, sin olvidar que luego, en 1899, inventó el dactilónomo (que se conserva en el Museo), instrumento que permite la demostración gráfica de todas las posibles combinaciones sobre la base de los cuatro tipos del sistema dactiloscópico.
El 1º de mayo del siguiente año es designado auxiliar en la Oficina de Estadística (nueva oportunidad de vérselas con las matemáticas), organismo del cual dependía la oficina de identificación (por entonces con el sistema antropométrico: talla, longitudes varias de oreja derecha, pie izquierdo, brazos, altura de busto, amén de otras señales corpóreas visibles, tez, ojos, etc.). Y el 26 de septiembre fue promovido al cargo de jefe con el rango o jerarquía de comisario (el que detentó honrosamente hasta su retiro en 1912). Esa autoridad de honra y de prestigio, sin duda, no la ignoraba Vucetich que venía de la voz "auctoritas", lo que en Roma significaba el "ejemplo eminente", de lo que Vucetich dio prueba cabal en su desempeño exitoso y ético. Cuando se carece de tales atributos, la "auctoritas" deja de ser tal para trocarse en "autoritarismo".
La vida terrenal de Vucetich, comprensiva de los 66 años (20/07/1858-25/01/1925), se puede dividir exactamente en los dos períodos de 33 años cada uno, pues el año 1891 se instituye en lo que quizá la historiografía o la ciencia de la historia cataloga como lo de "tiempo-eje" o "año bisagra" o "principio de una nueva era" (Mayón, Herrero, Carr, Fustel), año en que la biocronología de Vucetich destaca con puntualidad y precisión lo siguiente. A mediado de dicho año visita al jefe de policía capitán de navío Guillermo J. Nunes (1857-1928) el legislador, periodista, político e ingeniero Francisco Seguí (1855-1935) y deja olvidado en su despacho el único ejemplar de la famosa "Revue Scientifique" (ejemplar 18, T. 47 del 2 de mayo de 1891) en la que se publicaba un trabajo titulado "Les empreintes digitales d'apres M. F. Galton" del médico y matemático Henry Croisnier de Varigny (n. 1855), comentando la disertación de Francis Galton (1822-1911, primo de Charles Darwin) pronunciada en la Royal Society de Londres (27/11/1890), quien enunciaría las tres leyes de la dactiloscopia (perennidad, inmutabilidad y diversidad infinita), aunque no llegó a edificar un sistema al modo en que concluyentemente luego lo hiciera Vucetich. Nunes advirtió la importancia del tema y convocó al joven Vucetich a su oficina y, entregándole el ejemplar de la citada revista, le sugirió que estudiara la posibilidad de incorporar, junto al sistema antromométrico, el de la identificación mediante los dibujos dactilares. Y el mencionado año "bisagra" culminó exactamente el 1º de septiembre de 1891 en que el comisario Vucetich inaugura la oficina de Identificación con los dos sistemas. El ejemplar de la citada revista se conserva en el Museo Vucetich.
Hasta entonces el sabio poco o nada sabía del tema, pero a su tiempo reconoció que, "penetrado de la trascendental importancia que revestían dichas investigaciones" (las de Galton, así como las de otros predecesores que él mismo cita, como las de Purkinje, Ranke, Lacassagne, Lombroso, Alix, Feré, Testut, Stern y Kollman, entre otros), trabajó empeñosamente sobre el tema, comenzando por verificar la verdad de las leyes de Galton, logrando luego edificar un sistema que llamó "icnofalangométrico", y luego, a instancias de Francisco Latzina, con la designación de "dactiloscópico" (en un primer paso con 101 tipos, y en uno final y conclusivo, de los siguientes 4: arco, presilla interna, presilla externa y verticilo). Vucetich afirma por entonces, con alto sentido reflexivo y trascendente, que "no es la ciencia quien ha querido que la identificación tenga un solo medio y logre una sola eficacia, es la naturaleza"; y además, que "todo es mudable en la vida, menos el esquema digital; todo es reproducible en los congéneres, menos el dibujo papilar. He ahí a la naturaleza".
Al siguiente año sucedió el tristemente célebre "Caso Francisca Rojas" (el doble filicidio de los menores de 4 y 6 años degollados mientras dormían, el 29 de junio de 1892, en Necochea, Buenos Aires), lo que dio ocasión de producirse el bautismo de fuego con la participación del Crio. Insp. Eduardo M. Alvarez quien, examinando huellas, etc., con evidente aptitud de policía científica, esclareció rápida y definitivamente el hecho.
Y las grandes condiciones de escritor y convincente disertante las puso de manifiesto, de modo categórico, con la publicación de varias obras ("Instrucciones generales para el sistema de filiación Provincia de Buenos Aires", en 1893, declarado texto oficial en 1895, y su "Dactiloscopia comparada", en 1904, reeditada en 1951, entre otras publicaciones importantes en revistas, etc.) y respecto a su disertación, vale completar expresando que en 1912 se retira de policía y emprende un viaje por distintas ciudades de Alemania, Austria, Bélgica, China, España, EE.UU., Francia, India, Italia, Japón, Portugal y Suiza, entre otras, confirmatoria de su merecida fama y de que este hombre sea justicieramente evocado, a punto tal que, además, calles, plazas, escuelas, institutos y la Fundación llevan su nombre. En esta prieta síntesis de la vida y obra vucetichianas, porque es lo menos que hoy, en el 122º aniversario de este matutino platense, puedo exponer de este hombre que honró a La Plata, que se erige en el ejemplo ético de la policía y que logró hacer trascender científicamente a la Argentina en el ámbito internacional con un sistema identificatorio que no pocos, justicieramente, piensan que viene de los viejos tiempos preparatorios de la Biblia (Job, 37, 7: El Señor ha puesto como un sello en las manos de todos los hombres, a fin de que conozcan todos que sus obras penden de lo Alto).
