Viviana Vila. Periodista y locutora

Platense de nacimiento, ciudad en la que sigue viviendo, desde hace 12 años Viviana Vila es comentarista del equipo deportivo de Víctor Hugo Morales en Continental (AM 590). Además, acompaña a María O´Donnell y Carlos Ulanovsky en La vuelta en esa misma emisora, poniendo en ambos ciclos la mirada y la sensibilidad femenina en sus opiniones del balompié.

-¿Cómo surge la vocación del periodismo deportivo? -
Yo no pensé en el inicio en dedicarme a esto. Soy periodista y fundamentalmente ejercí mi profesión en diferentes emisoras de La Plata. Claro, siempre me gustó el fútbol. Comencé a escribir notas para el diario El día y varias FM deportivas y mis colegas observaron que yo entendía de fútbol y que, además, sabía transmitirlo. Quizá me ayudó el hecho de ejercer la docencia en la universidad desde hace diez años.
-¿Cuándo comenzaste a trabajar con Víctor Hugo Morales? -
En 1998, Morales vino a La Plata a presentar un libro y aproveché para hacer algo inédito: le dejé mis datos en un papel diciéndole que me gustaría tener una charla con él. A los tres días, me llamaron desde la producción del programa Por deporte para invitarme a pasar por la radio. Presa del pánico, no fui. Pasaron varios días hasta que cuando una mañana levanté el tubo y escuché su voz. Tomé coraje y llegué a la radio, y empecé a buscar historias de vida que tuvieran que ver con el deporte. Lo primero que hice fueron las escuelitas de fútbol del padre Farinello. Después me instalé en la mesa del programa y más tarde fui invitada a participar de Competencia [la tira deportiva de las 19] para cubrir toda la actividad de los equipos de fútbol de La Plata, Estudiantes y Gimnasia.
Le debo la oportunidad a Víctor Hugo, que confió en mí antes que yo lo hiciera. La comentarista "Con el correr de los años -sigue contando Viviana con auténtica devoción- me dio la tarea de ser la comentarista de los equipos platenses con cualquier adversario.
En la radio, no hay otra mujer que realice esta labor. Y tengo una gran responsabilidad, sé que no puedo fallar. Y aparte de todo esto, en la radio acompañé a Mario Mactas, Alejandro Apo; conduje un ciclo que se llamó La barra de Víctor Hugo y ahora, con el Mundial, me convocó María O´Donnell para que la acompañe en el estudio junto con Carlos Ulanovsky en La vuelta [de lunes a viernes, de 17 a 19]. Es una experiencia maravillosa. Han sido muy generosos conmigo y me siento muy feliz. Aquí realizo los comentarios puntuales y mucho color en torno a los jugadores locales y extranjeros. Y sigo los sábados con Román Iucht en Tirando paredes , que es otro gran programa."
-¿Cómo se compatibiliza la actividad con la vida familiar? -
Es un tema, porque soy esposa y mamá de Valentino, que tiene seis años. Soy una mamá que los sábados y domingos desaparece. Voy con mi valija de transmisión, que pesa muchísimo, hasta la cancha, y así iba con la panza. Pero Valentino me acompaña, y mucho, pero es el doble de trabajo por ser mujer: todo lo que decís y opinás está siendo mirado con lupa. No reniego de nada, porque tuve la suerte de recibir el mejor espaldarazo y el padrinazgo de un grande, y hoy tengo el respeto de colegas a los que siempre admiré y respeté.

(Entrevista Diario La Naciòn)

ESTEBAN LÓPEZ BRUSA

Esteban López Brusa nació en la ciudad de La Plata en 1964.
Egresado de la carrera de Letras, ejerce la docencia en el nivel secundario y dirige talleres de escritura.
Fue fundador y codirector de la revista de literatura La muela del juicio .
Durante años condujo el programa Huevo o cigota en Radio Universidad de La Plata.
A cargo de ediciones el broche llevó adelante tareas como editor literario.
Con su primera novela La temporada (1999) fue finalista del Premio Novela Planeta 1996.
Tiene un libro de poemas, Dorotea la rosa del 90 (inédito).
La yugoslava obtuvo el Primer Premio en el Concurso Nacional de Novela Breve Leopoldo Marechal 2001.
ENTREVISTA:
Esteban López Brusa: de la radio al libro con Huevo o cigota
El autor platense presentó su última novela, de 630 páginas
Hace casi una semana, el profesor de Letras Esteban López Brusa presentó su último libro, Huevo o cigota, en el Centro Cultural Islas Malvinas. Y fueron exactamente cuatro, los años que tardó el autor platense en escribir su novela de 630 páginas.
“Lo empecé en 1998 y lo terminé en el 2002, pero al tratarse de un libro de 630 páginas se me hizo cuesta arriba la publicación.
De ahí que estuvo una serie de años en editoriales que buscaron la forma para palear los costos, pero al final tuve que intervenir con mis ahorros para sacarlo”, recordó López Brusa.
La historia central gira en torno a los preparativos de Radio Universidad, que en 1999 lleva un stand a la Feria de calle 51, en el marco del Aniversario de la ciudad de La Plata.
El escritor relata su “presente de entonces” cuando tenía un programa de literatura, también llamado Huevo o cigota, por dicha emisora. “Me propuse hacer una novela que tuviese que ver con esa medianía en la percepción de la realidad, la relación con las noticias, que es lo estructura un poco la historia principal”.
Además, cada capítulo de la novela es seguido por un comentario final que realiza un personaje. La explicación que dio el escritor fue que se hizo “una especie de seguimiento de la radio en esa época y la realidad se duplica, pero en realidad no se duplica, hay una suerte de lo mismo de otra manera, de ahí la disyunción falsa huevo o cigota que no son términos opuestos, sino que son lo mismo”.
Otro corte en la trama principal lo aportan los cinco cuentos que Esteban López Brusa llama “documentales” y transcurren en distintos lugares de América del Sur: el Pantanal en Mato Grosso (Brasil), en Colonia del Sacramento (Uruguay), en la Isla de Pascua (Chile), en el conurbano Bonaerense (Argentina) y en el Imperio Inca.
Por medio de esos relatos ficcionales se “duplican” algunos personajes e historias, lo que hace retomar el título de su trabajo, Huevo o cigota, porque se trata “de cosas distintas que en realidad son las mismas”. Frente a la posibilidad de que los lectores, quienes “no están acostumbrados a leer novelas largas” no se vean atrapados por la extensión del texto (630 páginas) López Brusa bromeó diciendo que “las 150páginas finales están bárbaras, así que les digo que se aguanten las primeras 400”.–¿Qué mensaje le daría a los futuros lectores, en esta época que se busca todo lo rápido, incluso a la hora de elegir un texto?–Que huevo o cigota es una historia entretenida y que se van a ver reconocidos, sobre todo el lector platense, porque uno de los tópicos más abordado es la ciudad de La Plata: su historia desde su fundación.
Es casi uno de los tópicos que estructura la novela, junto a la historia de la AM y FM de Radio Universidad, la historia de la radio que se ve desde la tapa del libro, que es un poco la fascinación que siempre despertó en mí la radio, que es una gran compañía.
Digo que como infinitas veces la radio se apropió de la literatura, ahora la literatura se apropia de la radio en varios aspectos: técnicos, buscando entender como funciona físicamente, como podemos escuchar, eso que nosotros tenemos tan naturalizado.
También está el punto de vista histórico y el reflejo de distintos poderes que se han ido escalonando. Transcurre en una década muy política como fue la década de los ‘90. Y también muestra los aspectos humanos, las diferentes amistades que se entablan, propias de un lugar donde se trabaja y se habla, se habla demasiado.Otra “cosa importante” que este profesor de Letras quiere destacar de su última obra es “el mito de Tarzán”, que se aborda desde el primer capítulo, el cual es “una suerte de prólogo narrado”.
López Brusa se explaya: “Tarzán fue como una especie de juego que se me fue presentando, es el hombre del origen en la modernidad, el hombre primitivo no fue Adán, sino Tarzán, que vive sin nada, hasta sin lenguaje.
Hago un cruce con la figura de Tarzán y la figura de la radio, los dos como exterioridad”. Volviendo al “registro de la historia principal”, al cual el escritor define como “un registro realista de la medianía”, se puede aclarar que cada uno de los cinco cuentos que “corta” el relato estructural, está a su vez “cortado por otras formas de imaginación literaria u otras interpelaciones ficcionales”.
En orden serían: “el exotismo en el pantanal del Mato Grosso; el cómic en el de Colonia del Sacramento; los límites entre la inteligencia y la imaginación en la Isla de Pascua; la interioridad frente a un contexto hostil en el conurbano bonaerense; y la historia y lo que sería la entidad de un relato en el del Imperio Incaico”.Otra particularidad está dada por el modo elegido para su distribución.
Aggiornado a los tiempos que corren los futuros lectores pueden pedir un ejemplar vía e-mail (elopezbrusa@gmail.com) y recibirlo en sus casas, algo así como un “delivery literario”.
Las vacaciones de verano siempre ofrecen la oportunidad de adentrarse en los grandes relatos, esos que resultan esquivos en la rutina diaria.
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JOSE GOLA (Actor)

Este gran actor argentino, nació en La Plata, el 7 de Febrero de 1904 y murió muy joven por una peritonitis el 27 de Abril de 1939. Considerado como el “Clark Gable argentino”, fue el primer gran astro del cine nacional.
Luego de sus primeras participaciones en el cine mudo, se consagró con Mañana es domingo (José Ferreyra, 1934).
Su figura se acrecentó con la intensidad dramática que mostró en La barra mendocina (Mario Soffici, 1935) y en su premiada labor en Puente Alsina (José Ferreyra, 1935).
Entre sus trabajos se encuentran el policial Fuera de ley (Manuel Romero, 1937), Mateo (Daniel Tinayre, 1937) y Nace un amor (Luis Saslavsky, 1938).
En 1938 también protagonizó La vuelta al nido, la obra maestra de Leopoldo Torres Ríos.
En 1939, con una carrera en pleno ascenso, falleció víctima de una peritonitis cuando se disponía a intervenir en Prisioneros de la tierra, bajo las órdenes de Soffici. Su última película fue Hermanos (Enrique de Rosas, 1939).
Sus principales películas:
Frente a la vida (1939)
Hermanos (1939)
La estancia del gaucho Cruz (1938)
La vuelta al nido (1938)
Los caranchos de la Florida (1938)
El pobre Pérez (1937)
Fuera de la ley (1937)
Nace un amor (1937)
Palermo (1937)
La barra mendocina (1935)

En La Plata, familiares directos del gran actor argentino, viven a diario con el orgullo de llevar el apellido GOLA.

Eduardo A. Finocchi/2009

Mauricio Rosenfeld (fotógrafo)

Un gran fotógrafo platense. Sus padres Meier e Inés, como tantos judíos de la Europa Oriental, buscaron suerte en América. Junto a sus dos primeros hijos, Ana y Arón, llegaron a Berisso en 1930, donde nació Mauricio el 10 de octubre de 1931 en la casa de la calle Nueva York al 4962. Recién en 1945 toda la familia se radicó en La Plata. Desde el mismo momento de la mudanza a La Plata, Mauricio se enamoró de la profesión de fotógrafo. Con su papá y hermano constituyeron una de las casas de fotografía más importantes de La Plata, Foto Rosenfeld, que cerró definitivamente recién en 2002. Este local se especializaba en la foto carné y en los revelados, impresiones y reproducciones para profesionales y aficionados, y por ella pasaron personalidades de la Ciudad como Vucetich, Barba, Oitavén, Rascio, Cianflone, Barletta y Mamonni, entre tantos otros.Si bien la más importante, la fotografía no fue su única pasión. Amaba el ajedrez, cuya práctica supo inculcar a sus tres hijos. Gozaba con la música judía, los conciertos para violín, el tango y la ópera; las películas de Boris Karloff, los cuentos de Sherlock Holmes y el humor de Pepe Biondi.
En 1957 se casó con Aída Akeselrad. La fiesta es muy recordada porque fue uno de los primeros eventos que se desarrollaron en el Teatro Opera, de la institución Max Nordau. Toda la familia participó activamente en esta entidad judía. Con Aida tuvo tres hijos: Aldo Daniel, Ricardo Fabián y Osvaldo Javier, y luego la familia creció aún más con la llegada de los nietos: Magalí, Lionel, Martín, Amit, Ilan, Rocío y Julián.
Otro párrafo aparte merece su pasión por Estudiantes de La Plata. Hoy día esposa, hijos, nietos, nueras y consuegros, gozan y sufren fecha a fecha por los partidos del conjunto albirrojo con un fanatismo que es obra exclusiva de Mauricio. No hay fiesta familiar en que no se recuerden sus gritos de gol, en su casa de 20 entre 60 y 61. Su mayor legado es la familia que formó, y sus enseñanzas, con el ejemplo, relacionadas con la cultura del esfuerzo y la honradez. Familiares, amigos y allegados lamentan profundamente la ausencia de Mauricio, y esto se nota en la gran cantidad de salutaciones recibidas los últimos días, y lo hacen con un sabor dulce en la boca, acorde con la imagen de ternura y simpleza que envolverá por siempre su recuerdo. Toda la gente que lo conoció, coincide en destacar sus cualidades de hombre bueno y cariñoso, que hizo culto de la vida en familia, el trabajo y la honestidad.
A los 77 años en junio de 2009, falleció en La Plata, y generó profundo pesar en distintos ámbitos de la Ciudad.

José Krakover (Fotógrafo)

José Krakover (Tarnów, 02 de noviembre de 1883 - La Plata, 28 de abril de 1957) fué uno de los primeros pioneros europeos que intrudujeron la profesión fotográfica en la República Argentina. Reportero gráfico y fotograbador de origen polaco, ejerció el periodismo siempre vinculado al diario "El Argentino" y en sus últimos años en "El Plata" del que fué Jefe de la sección respectiva, hasta jubilarse en el año 1953, pero sin abandonar del todo la actividad de su vocación pues continuó en el oficio como técnico de la Municipalidad de La Plata (Buenos Aires), República Argentina. Hay que tener en cuenta que en la fijación de la imagen, perdurable y resistente, se logró en 1869 con la invención del celuloide. En 1907 se comenzaron a utilizar unas placas de cristal llamadas Autochromes Lumière (cuyo nombre lleva el homenaje a sus creadores). En esta época las fotografías en color se tomaban con cámaras de tres exposiciones. José Krakover comenzó la utilización del magnesio para fines profesionales, alrededor de 1930. Dicho magnesio, pulverizado sobre un soporte que se prendía con un detonador, producía un destello de luz brillante y una nube de humo cáustico, utilizandolo en su tiempo, como un flash.

Nacido en el otrora Imperio Austrohúngaro, en la ciudad de Tarnów, en el año 1883, José, hijo de Jacob Krakover y Mina Kuperman, participó de la guerra ruso-japonesa y forzado por la situación política, social y militar de la época, decide junto a su pareja emprender nuevos rumbos hacia las Américas. Recaen en la ciudad de Buenos Aires, Argentina donde establecen su primer domicilio en la calle Camargo 2073 de la Ciudad de Buenos Aires.

José una vez establecido comienza a ejercer su profesión de fotógrafo profesional, habiendo traído sus propias cámaras fotográficas, muy avanzada para la época. Rapidamente es reconocido y comienza a ganar popularidad entre sus pares, por sus dotes tanto en la exposición fotográfica (se utilizaban flashes de magnesio cuya ignición se provocaba manualmente para iluminar), notas gráficas, taller de grabados, asi como el retoque de las mismas. Luego residen en el Partido de Campana, donde alrededor de 1915 establece un taller de fotografía, taller de cuadros y retoques a lápiz, LA ARTÍSTICA, en calle Rivadavia 279 de esa localidad.

José se casa con Esther Kosovsky, hija de Simón Kosovsky y Sara Kiper, natural de Odesa en Rusia. De ellos nace una fructífera familia de ocho hijos, de los cuales varios se dedican a la fotografía. Ellos son:

Paise Krakover, el 07 de noviembre de 1909, en Capital Federal. León Krakover, el 11 de abril de 1912, en Capital Federal. Fotógrafo de profesión. María Krakover, 17 de enero de 1914, en San Fernando. Enrique Krakover, 29 de noviembre de 1915, en Capital Federal. Fotógrafo. Ida Krakover, 22 de junio de 1917, en Campana. Iluminadora de estudio fotográfico. Boris Krakover, 15 de abril de 1919 en Campana. También reconocido fotógrafo gráfico en la localidad de Campana y La Plata. Fanny Clara Krakover, 21 de octubre de 1924, en La Plata. Mauricio Krakover, 28 de diciembre de 1926.

José Krakover fallece de una enfermedad terminal el 28 de abril de 1957, en el Instituto General San Martín, de la ciudad de La Plata. (wikipedia)


Osvaldo Pamparana Ciudadano Ilustre

El Concejo Deliberante de La Plata declaró Ciudadano Ilustre al doctor Osvaldo Pamparana, por su destacada y ejemplar trayectoria en el ámbito de la cultura nacional y popular a través de la obra de Florencio Molina Campos.
La sesión se desarrolló hoy en el recinto del cuerpo legislativo, ubicado en la planta baja del Palacio Municipal, de calle 12 entre 51 y 53.
Cabe destacar que el Dr. Pamparana actualmente continua ejerciendo su profesión y brindando conferencias, es columnista de la revista El Federal y asiduo participante del programa Rastrilladas, que se emite en el canal local de la ciudad de La Plata".
BIOGRAFIA

OSVALDO R. PAMPARANA bioquímico/ documentalista

Se radica en nuestra ciudad en el año 1966 para cursar estudios universitarios los que completa egresando como Bioquímico de la Universidad Nacional de La Plata en 1972, profesión que ejerce en la actualidad.
Simultáneamente a su carrera universitaria; demuestra interés por el conocimiento de la historia, la geografía, las costumbres, tradiciones y las distintas manifestaciones culturales de nuestro territorio lo que lo lleva a recorrer el país y plasmar sus experiencias de viajes en audiovisuales documentales (Patagonia 70 – Bajo La Sombra de tres Banderas, etc.). Mas tarde y con el mismo objetivo de transmitir sus impresiones de nuevos lugares y nuevas culturas, realiza lo que hoy constituye una importante parte de su producción documental:
ITALIA: “El Renacimiento Italiano”
FRANCIA: “El Impresionismo Francés”
ESPAÑA: “Lo Mejor del Museo del Prado”
GRECIA: “La cultura Helénica”
TURQUIA
Auspiciado y avalado por: La Secretaria de Cultura de la Nación, Subsecretaria de Cultura de la Provincia de Bs.As., Universidad Nacional de La Plata, Instituto Italiano de Cultura y Delegación General de Alianzas Francesas; ha realizado más de 1000 presentaciones de sus documentales por todo el país representando sin dudas el acervo cultural logrado en su ciudad de adopción
Incesante en la realización de nuevos documentales figuran entre otros y que han merecido el apoyo del público en general y de la prensa en particular:
INDIA Imperios Milenarios
CHINA Imperios Milenarios
JAPON Imperios Milenarios
CANADA “Desde el Mar hasta el Mar”
ALASKA “La Ultima Frontera”
AFRICA “Safari fotográfico a los grande animales”
RUSIA “Desde San Petesburgo hasta Samarkanda”
EGIPTO “Río Sagrado y los Grandes Templos”

Últimos títulos

EXPEDICION ANTARTICA “Una Aventura diferente en una Naturaleza diferente”
EXPEDICION AMAZONICA “La firma de Dios sobre el Continente Americano”
EXPEDICION GALAPAGOS “Las Islas Encantadas”
Sin embargo por lo que más se ha destacado en los últimos años y por lo que ha merecido el elogio del público general y la aprobación de la crítica especializada es por su difusión de la CULTURA NACIONAL Y POPULAR a través de la obra de FLORENCIO MOLINA CAMPOS; y sus dos programaciones:

1. - “LA ESENCIA DEL MARTIN FIERRRO ILUSTRADA POR
MOLINA CAMPOS”

2. - “MOLINA CAMPOS UN PINTOR PARA EL ASOMBRO.”

En el año 1989, auspiciado por la Fundación Banco de la Provincia de Bs. As y representado a la ciudad de La Plata viajo a cada uno de las ciudades cabeceras de partido, en donde presento sus programaciones. Previamente a cada una de sus presentaciones y a manera de introducción proyecta un breve documental “La Plata ciudad soñada” que muestra los principales edificios públicos de nuestra ciudad poniendo de manifiesto de esta manera el origen de donde provino el conferencista y la programación a presentar
Esta gira tuvo una duración de dos años y fue distinguido por su tarea de difundir las más genuinas expresiones de la cultura nacional en general y bonaerense en particular con los premios:

1.- “Arturo Jauretche” por la difusión de la Cultura Nacional”
2.- “Ignacio Colliqueo Prov. de Bs. As.”

En el año 1992 fue invitado para integrar la embajada cultural argentina que llevo nuestra cultura a países europeos tan exóticos como la Ex Unión Soviética; dejando un sello indeleble del acontecer cultural de nuestro país.

Durante el año 1993 con el auspicio de la Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Bs.As nuevamente recorre las principales ciudades del interior bonaerense. Recibe la distinción

3.- “Mención Especial del Premio “José María Vilches” de Mar del
Plata.”

En el año 1994 fue invitado por la Embajada Argentina en Paris para presentar la obra de Molina Campos en la ciudad Universitaria Internacional. Recogiendo calidas y expresivas felicitaciones
A su regreso continuo con la tarea encomendada y organizada por la Cámara de Senadores

En 1995 recorre distintas ciudades capitales de provincias argentinas
Auspiciado por el ex Banco Municipal de La Plata participa con un éxito por demás resonante en la Feria Internacional del Libro (Bs.As.)

En el año 1996 fue invitado para participar de la embajada cultural argentina para concurrir a la ciudad de VACARIAS en la república del Brasil (encuentro cultural del Mercosur). En nuestra ciudad de La Plata fue distinguido por su quehacer cultural con el premio

4.- “San Francisco de Asís” La Plata

Desde el año 1997 y continuando en la actualidad tiene a su cargo la curaduria de la versión platense de la Exposición de cuadros de Florencio Molina Campos con la cual recorre nuevamente la Provincia de Buenos Aires e importantes ciudades del interior del país. Se suceden nuevos viajes al exterior y en nuestra ciudad de La Plata presenta su nueva programación en numerosas empresas privadas, escuelas públicas, Instituciones Intermedias y Colegios profesionales (Veterinarios, Abogados, Médicos. Odontólogos, Escribanos etc.)

Desde hace más 10 años se desempeña como conferencista permanente del Colegio de Escribanos de la Provincia de Bs. As y de sus 17 delegaciones a las que viaja en forma regular cada año

A lo largo de todo el año 2002 y 2003 participa del ciclo “Por la Identidad Cultural Bonaerense” realizado en la Cámara de Diputados de la Provincia de Bs.As.: en donde mas de 25.000 niños y jóvenes se contactaron, en el propio recinto de la Cámara, con las mas estas genuinas expresiones de nuestra cultura: Molina Campos y José Hernández
Sin embargo la presentación que se constituyo en un verdadero jalón en la difusión de la cultura nacional es la realizada en

1.- Puerto Argentino (2/2003) (Islas Malvinas)

En el año 2005 participo diariamente como conferencista invitado en la Exposición llevada a cabo en el Teatro Argentino de La Plata; lo que marcaría otro hito en la difusión de la obra de Molina Campos

En enero del año 2006 es invitado como representante de nuestra ciudad para viajar a Antartida en donde presenta sus conferencias y exposición sobre Molina Campos, primero a bordo del Buque oceanográfico Ushuaia y luego en la Base Argentina Jubany. Tanto los medio locales (Diarios El DIA y HOY) como nacionales pusieron de manifiesto la importancia de transportar la rica expresión de la cultura nacional a tan recónditos lugares del planeta. El diario El DIA titulo “Molina Campos de La Plata a la Antartida” y lo designa, por su pasión por la difusión cultural como “El Personaje de la Ciudad”
En el mes de julio del mismo año llegaría la máxima consagración. Fue postulado por la Liga de Madres de Familia como representante de La Plata para recibir el importante Premio Santa Clara de Asís 2006. Luego de ser considera dicha postulación a nivel central; en agosto se le otorgo dicho premio por su trayectoria dedicada a la difusión de la cultura nacional
En la actualidad tiene a su cargo el comentario sobre Molina Campos en la revista de aparición semanal y tirada nacional El Federal. En nuestra ciudad comenta también semanalmente la obra de Molina Campos por Multicanal en el programa rastrilladas
Por su trayectoria y su quehacer cultural; el 18 de junio de 2007 fue declarado CIUDADANO ILUSTRE por el Concejo deliberante de la Municipalidad de La Plata

Sus programaciones han sido o son auspiciadas, entre otras, por las siguientes Instituciones:

1.- SECRETARIA DE CULTURA DE LA NACION
(Exp. Nº 3022 – Res. S.S.A.C. nº 884)

2.- SECRETARIA DE CULTURA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES.
(Exp. Nº 5839 – 1.301.391 – Res. 5070)

3.- DIRECCION GENERAL DE ESCUELAS PROV. DE BUENOS AIRES.
(Resolución Nº 4327/95)

4.- FEDERACION DE ASOCIACIONES DANTE ALIGHIERI

5.- ASOCIACION ALIANZAS FRANCESA EN ARGENTINA

6.- UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
(Exp. Nº 25.903/84 – Res. Nº 847)

7.- CAMARA DE SENADORES PCIA. DE BUENOS AIRES.

8.- CAMARA DE DIPUTADOS PCIA DE BUENOS AIRES.

9.- FUNDACION BANCO PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Matilde Alba Swann

Matilde Alba Swann, es el seudónimo de Matilde Kirilovsky de Creimer.
Hija de Aliaquin Kirilovsky y Emma Ioffe, nació el 24 de febrero de 1912.
Casada con Samuel Creimer, madre de cinco hijos.
Fue bachiller con la Promoción 1929 del Colegio Superior de Señoritas hoy Liceo Victor Mercante.
Se recibió de abogada en 1933 a los 21 años en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata.
El diario El Día de La Plata, en su edición de 9 de diciembre de 1933 publicó la siguiente noticia :
“La cada vez más acentuada participación femenina en las diversas actividades de la vida pública, incorpora al foro platense una abogada cuya inteligencia y dinamismo serán una prueba más de la importancia del aporte de la mujer en las gestiones ciudadanas. Así lo hace esperar la destacada carrera profesional , los brillantes exámenes finales con que ha dado término a su carrera la doctora Matilde Kirilovsky, recientemente graduada en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de nuestra Universidad” Ejerció la profesión durante más de 50 años con el respeto y cariño de sus colegas. Se la recuerda logrando la absolución de la recordada uxoricida Remberta Nieves, o interponiendo resonantes acciones de amparo persiguiendo mejorar la situación de los indefensos. Extracción de sangre de menores tutelados; sufragio de los menores tutelados. Trato inhumano a los internados del Hospital Melchor Romero. Fue presidente de la Comisión de Minoridad del Colegio de Abogados e integró su Tribunal de Disciplina. Fue asesora en temas de minoridad del Ministerio de Acción Social, del Ministerio de Salud y de diversos Gobernadores de la Provincia de Buenos sin distinción de banderías políticas.
En poesía publica ocho libros de poemas; dejo un noveno libro sin editar, pero preparado y a punto de ser impreso.

Canción y grito (1955)
Salmo al retorno (1956)
Madera para mi mañana (1957)
Tránsito del infinito adentro (1959)
Coral y remolino (1960)
Grillo y cuna (1971)
Con un hijo bajo el brazo (1978)
Crónica de mi misma (1980)

Recibe innumerables premios, menciones y honores, entre los que se destacan:
Promoción para el premio Nobel de Literatura 1992;
Premio Santa Clara de Asís de 1991;
Premio Provincia de Buenos Aires -poesía- 1991;
Recibe una de las primeras "Orden del Buen Vecino",
Premio Municipal de Literatura de La Plata;
3er. Premio de poesía Augusto Mario Delfino,
Fajas de honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia;
Ofrenda de las Instituciones representativas y fuerzas vivas de La Plata por su dedicación de eminente poeta y eterna defensora de la minoridad.-
Recibió la estatuilla Stella Maris.
Integró jurados de premios nacionales como el "Forti Glori", provinciales y municipales;
Mención del club Universitario de La Plata;
Mención de la Asociación Femenina de Periodistas del Perú;
Integró la Comisión de Honor del Primer Encuentro Latinoamericano de Poetas (diciembre 1984);
Fue designada Mujer Notable de la Comunidad, por el Rotary Internacional Filial La Plata;
Premio Dedicación a la Minoridad otorgado por el Ateneo Rotario;
La Biblioteca Braille le tradujo su ultimo libro al idioma Braille;
Accésit al premio Almafuerte;
2do. Premio de Poesía Ilustrado Municipalidad de La Plata - 1971;
3er. Premio de Poesía Ilustrada Municipalidad de La Plata; 2do.
Premio de Asociación Judicial Bonaerense.
Fue Presidente de la Filial La Plata de la Sociedad Argentina de Escritores.
Como periodista condujo audiciones de literatura en las radios Provincia de Buenos Aires y Universidad de La Plata; fue colaboradora permanente del Diario El Día de La Plata. Fue corresponsal de guerra del Diario El Día en la guerra de las Malvinas; fue colaboradora de la Página literaria del Diario La Capital de Mar del Plata.
Con posterioridad a su fallecimiento ocurrido en la Ciudad de La Plata, el 13 de setiembre de 2000, algunos distritos del Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires entregan a los que juran el poema de Matilde "Creo en tu ciencia" ilustrado por Enrique Arrigoni. Asimismo, la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, entrega a sus egresados conjuntamente con su diploma, la prosa poética "La poesía del derecho". Asimismo, el Concejo Deliberante de la Ciudad de La Plata la declaró Ciudadana Ilustre post mortem el 24 de agosto de 2005.

TEBALDO RICALDONI

Fue considerado una eminencia científica. El Museo de Física de la facultad de Exactas rescató su obra en una exposición (El gran inventor platense olvidado por la historia).
Desarrolló un revolucionario submarino que luego de ser rechazado por la Armada Argentina fue adquirido por Francia. Le obsequió a Guillermo Marconi, quien vivió un año en su casa, un millonario invento que perfeccionó las transmisiones por radio. Escribió 38 tratados científicos y sostuvo fuertes polémicas pedagógicas con Sarmiento, lo que terminó por valerle el ostracismo.El personaje es Tebaldo Ricaldoni, un científico de renombre mundial en su época, que vivió durante la mayor parte de su vida en La Plata, donde murió. Una verdadera eminencia científica condenada al ostracismo por el fuerte enfrentamiento pedagógico que en su momento opuso nada menos que a Domingo Faustino Sarmiento y sobre quien, recientemente, el Museo de Física de la Facultad de Ciencias Exactas de nuestra ciudad llevó a cabo una exposición en la que se rescató la obra, la vida y la figura de Ricaldoni, una personalidad que muchos platenses desconocen y que ha sido olvidada por la historia oficial de la ciencia argentina.Fue a fines del siglo XIX cuando Ricaldoni inventó un submarino con un sistema totalmente diferente a las primeras naves de ese tipo que comenzaban a construirse en esa época; perfeccionó luego los moduladores para radios y le obsequió el invento a su amigo Marconi, el creador de la radiofonía, quien además vivió un año en su casa; creó el troley de rueda para la captación de energía de cables colgantes para vehículos en movimiento; dio a luz el periscopio de 360 grados de proyección; también inventó la boya de rescate de submarinistas y la falsa quilla de lastre en submarinos; y predijo mediante cálculos matemáticos la existencia del planeta Neptuno y de una luna de Mercurio en estado magmático.Además, fue el primer doctor en Ingeniería en nuestro país; también alcanzó los doctorados de Física y de Matemáticas, disciplinas en las que descolló como docente universitario; también enseñó química, bioquímica, cosmografía y ciencias naturales; escribió 38 tratados científicos; recibió la Palma de Oro y en dos ocasiones las de Bronce, una distinción que en Francia se entregaban a los científicos y que hasta comienzos del siglo 20 eran valoradas tanto como luego lo han sido los premios Nobel; y fue decano de la facultad de Ciencias Exactas de nuestra ciudad y fundador del Museo de Física de esa unidad académica.SUS DESCENDIENTES PLATENSES"Mi abuelo era un científico conocido y reconocido en todo el mundo, a tal punto, que Julio Verne, en una de sus últimas novelas, llamada Robur el Conquistador, se ocupa de burlarse de los inventores, y todos en esa época sabían y decían que la sátira estaba principalmente dirigida a Tebaldo", cuenta Jorge Ricaldoni, abogado y periodista platense que es nieto del destacado inventor.Una breve síntesis biográfica de Tebaldo Ricaldoni indica que nació en Uruguay en 1861, en donde a los 15 años terminó el Liceo Secundario, para luego trasladarse a Buenos Aires, en donde se recibió de ingeniero a los 19 años de edad. Fue pupilo de Bartolomé Mitre, en cuya casa residía. Luego se trasladó a La Plata, en donde desarrolló toda su prolífica obra científica y murió en nuestra ciudad el 23 de septiembre de 1923.El hombre inventó lo que en todo el mundo se conoció como el Submarino Ricaldoni, un navío de ese tipo en el que la variación del peso específico era por el volumen en lugar de serlo por el peso o por la carga de tanques de lastre. El revolucionario invento, luego de algunos trámites y discusiones, fue desechado por la Marina de Guerra de nuestro país, pero más tarde fue adquirido por la Armada de Francia.Ricaldoni, según su nieto, era "un ferviente pacifista, aunque muchos de sus inventos eran de naturaleza bélica".En este último sentido, Jorge Ricaldoni contó una jugosa anécdota protagonizada por su abuelo. "Desarrolló lo que él mismo dio en llamar el 'pincel de fuego', artefacto que junto a los alumnos que lo habían ayudado en el invento, probó en una de las canchas del Colegio Nacional. Puso el aparato en un arco, y en el arco opuesto colocó un enorme blanco hecho en cedro hacia el cual disparó provocándole un enorme agujero. Nunca se supo cómo trabajaba el Pincel de Fuego porque inmediatamente después de esa prueba, se labró un acta con los resultados del experimento, y destruyó su obra haciendo prometer a sus alumnos que nunca más se hablaría del tema por tratarse de una temible arma"."Guillermo Marconi, en 1906 -cuenta su nieto- vivió una año en la casa de mi abuelo en 5 y 59 porque Tebaldo había inventado un nuevo sistema para el transmisor inalámbrico de radio, suplantando al desventajoso sistema de calderas y filamentos de oro, por un modelo de filamentos de tungsteno que resultó un cuatro mil por ciento más económico y de mucha mayor fidelidad. Marconi, para comprarle la patente, le ofreció el 30 por ciento del paquete accionario de su ya multimillonaria empresa, pero como Tebaldo quería seguir con lo suyo acá en La Plata, finalmente le regaló su invento".

RENE FAVALORO

Genio de la medicina
René Gerónimo Favaloro nació el 14 de julio de 1923 en el seno de una humilde familia platense y se quitó la vida a los 77 años con un disparo al corazón, sorprendiendo a todo el mundo pero también, claro, dejando todo un mensaje en ese gesto final. Vecino del barrio El Mondongo, donde transcurrió su infancia, cursó la primera en la Escuela Nº 45 e ingresó luego en el Colegio Nacional, donde incluso trabajó como celador durante los dos últimos años del bachillerato y obtuvo su diploma en 1941.
Se recibió de médico en 1949 en la Universidad Nacional de La Plata, haciendo su residencia como discípulo de otro prestigioso profesional platense, José María Mainetti, en el área de Cirugía General del Policlínico General San Martín de nuestra ciudad.
Para entonces ya estaba casado con María Antonia Delgado, quien durante las siguientes cinco décadas lo acompañaría en todas las actividades que emprendió, hasta su muerte, en enero de 1998.
Cuando terminó su primer curso de postgrado, también en Cirugía General, en el Hospital Rawson de Buenos Aires, Favaloro decidió iniciar la práctica privada como médico rural junto a su hermano Juan José en Jacinto Aráuz, un pueblito del sur de la provincia de La Pampa, a 130 kilómetros de Bahía Blanca, donde ejerció entre noviembre de 1950 y enero de 1962.
Falto de oportunidades laborales que le permitieran crecer en su especialidad, viajó entonces a la ciudad de Cleveland, en el estado de Ohio, Estados Unidos, donde la célebre Cleveland Clinic Foundation lo acogió primero por tres años y medio como estudiante -desde febrero de 1962 hasta agosto de 1965-, y lo nombró luego miembro de su staff, desde finales de 1966 y hasta junio de 1971.
Pero la jornada que le cambiaría la vida fue la del 30 de noviembre de 1967, cuando se convirtió en el primer médico en el mundo en realizar una operación de anastonosis -popularmente "by pass"- en la arteria coronaria. Favaloro fue el creador de esa técnica, que se considera ahora una piedra fundamental de la cirugía cardíaca y que le valió, 25 años después de aquella primera operación, que el New York Times lo definiera como un "genuino héroe mundial" que ayudó a salvar millones de vidas.
Sin embargo, cuando comenzaban a surgir los primeros reconocimientos mundiales y tras una década profundizando sus conocimientos y desarrollando nuevas técnicas quirúrgicas en los Estados Unidos, regresó al país para quedarse para siempre, asumiendo primero como docente de la Universidad de Córdoba y luego como director del Departamento de Diagnóstico y Tratamiento de Enfermedades Torácicas y Cardiovasculares de la Fundación Gilemes.
Su vida profesional mostró otro salto cualitativo en 1975, cuando organizó y planificó la fundación que lleva su nombre y que se centra en la docencia y experimentación de toda la actividad cardiológica. Firme propulsor de la educación como eje fundamental para el crecimiento armónico y en pacífica convivencia de los pueblos, su pasión por el desarrollo del país lo llevó a condenar sin medias tintas el período violento argentino de los años 70 -al que definió como de "guerra fratricida"- y, 20 años después, los ataques sufridos por la Embajada de Israel y la Amia, participando en actos del grupo Memoria Activa frente a los Tribunales porteños en enero de 1997.
Integrante activo de una treintena de sociedades médicas nacionales e internacionales, entre las más relevantes se encuentran la American Medical Association, la Societé Internationale de Chirurgie, el American College of Surgeons, el American College of Chest Physicians, la Asociación Médica Argentina, el Colegio Argentino de Cirujanos, la Sociedad Argentina de Cirugía Torácica y Cardiovascular, y la Sociedad Argentina de Cardiología, como así también las entidades equivalentes de México, Uruguay y Paraguay.
Miembro honorario de las academias y sociedades médicas de Brasil, Chile, Perú, Panamá, Ecuador y Costa Rica, en su dilatada trayectoria dictó conferencias y cursos académicos en todo el mundo. Entre otros países, lo agasajaron en Colombia, Bolivia, Venezuela, Perú, Brasil, Canadá, Australia, Sudáfrica, Armenia, Italia, Francia, España, Alemania, Rusia e Inglaterra, donde además fue invitado de honor al VI Congreso Mundial de Cardiología, celebrado en septiembre de 1970.
Consultor del Centro Oncológico de Excelencia creado por el profesor José María Mainetti, fue también presidente del Colegio Argentino de Cirujanos Cardiovasculares y de la Sociedad de Cirugía Torácica y Cardiovascular Argentina.
Obtuvo una larga lista de premios y distinciones, entre las que cabe recordar los concedidos por el American College of Surgeons, la American Medical Association y la Sociedad Internacional de Cirugía, las medallas de oro de la Ohio State Medical Association, la Orden del Sol del Perú, los tres premios de la Academia Nacional de Medicina, el premio Konex de brillantes de 1993, y numerosas menciones honorarias y condecoraciones.
Por todos estos lauros, el 6 de septiembre de 1974 la Universidad Católica de Córdoba lo nombró Doctor HonorisCausa y, con los años harían lo propio la Universidad de Tel Aviv, para luego ser designado académico de número de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1976, y de la Academia Nacional de Medicina, el 16 de julio de 1986.
Para entonces, ya había escrito más de 250 trabajos de su especialidad y efectuado casi 14 mil operaciones de by pass y en 1992 había comenzado a construir la clínica con la que siempre soñó: el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. considerado uno de los centros de salud más relevantes de América Latina, su costo final trepó a los 55 millones de dólares y su nivel de excelencia se equipara a cualquier clínica de los Estados Unidos, país al que siempre tomó como punto de referencia.
Dueño además de una clara línea de pensamiento, se destacó siempre por defender a la Universidad pública, en la que incluso fue delegado estudiantil, pero rescatando la necesidad de iniciar lo que llamaba "una nueva reforma universitaria", que estableciera un examen de ingreso y un arancel general, lo que le valió arduas discusiones con otros prestigiosos académicos. Pero Favaloro, como siempre, no se amedrentó entonces ante la reacción pública y se mantuvo firme en sus convicciones.

Sor MARIA LUDOVICA

La mujer de los milagros
Por Facundo Bañez
Ese 4 de diciembre de 1907 fue imborrable. Llevaba sobre sus espaldas el claro objetivo de misionar en tierras desconocidas y el peso agotador de veinte días de viaje sobre el océano Atlántico, y acaso era todavía demasiado joven para imaginarse en qué terminarían tantos sueños hechos a la hora de la oración nocturna, allá, en su ahora lejana cama del noviciado de Savona. Pero cuando vio desde la baranda del viejo vapor "Lombardía" el caserío de chapa apilado junto al río, los gatos inmóviles sobre los techos portuarios, las ropas tendidas a secar al sol y los barriales de una misteriosa Buenos Aires, nadie duda de que Sor María Ludovica, con apenas 27 años recién cumplidos y un español inentendible, experimentó una reveladora sensación de grandeza, única y nueva, mezcla de angustia tristona por lo que dejaba atrás y emoción caritativa por todo lo que el futuro incierto le tenía reservado.
Había nacido en la madrugada de un 24 de octubre de 1880 con el nombre de Antonia. Era la primera de una familia de ocho hermanos criados y educados por el matrimonio entre Ludovico De Angelis y Santa Colaiani, dos campesinos de San Gregorio, un pueblito de calles angostas y polvorientas de la provincia de L' Acquila ubicado a unos 70 kilómetros de Roma. Los De Angelis vivían en una derruida casona solariega donde la tradición familiar marcaba una sola cosa: quien nacía en esa tierra, trabajaba y moría en esa tierra.
Así lo recibió "Antonina" en su infancia y así lo cumplió con rigurosa dedicación hasta los 25 años, cuando supo que su vida no estaba en esos parajes de mediodías al sol sino en unos más reservados y silenciosos: los parajes de la fe. La primera en saberlo fue su madre, pero Santa Colaiani le dijo a su hija lo único que podía decir una mujer del 1900 en una Italia rural y devota: "Que decida tu padre".
Fueron palabras premonitorias, porque a los pocos días Ludovico reunió a toda la familia y les comunicó la decisión: Antonina los dejaría para ordenarse como monja en un noviciado de Savona. Ni Santa ni Antonia supieron nunca qué fue lo que hizo decidir a don Ludovico luego de largas peleas y repetidas negativas, pero hay quienes juran y perjuran que detrás de esa dolorosa autorización se escondió el ruego discreto pero tenaz de Anselmo, el viejo párroco de San Gregorio con el cual Antonia compartía desde chica sus secretos más celados.
Haya o no haya sido el pedido del párroco del pueblo lo que terminó de convencer a Ludovico, lo cierto es que el 3 de mayo de 1905 Antonia ingresó al noviciado de las Hijas de Nuestra Señora de Misericordia y recibió el nombre de Sor María Ludovica, y apenas unos meses después hizo sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Sin embargo, sus días de oración y trabajo comunitario en el convento de Savona no duraron mucho, acaso menos de los que esperaba la propia Ludovica, quien a mediados de 1907 recibió la orden de ir a misionar junto a otras hermanas a hospitales y colegios de Sudamérica.
Fatigada por las horas en vela estudiando el español y nerviosa ante semejante cambio de rumbo, Sor Ludovica salió del puerto de Roma el 14 de noviembre de 1907 en el vapor "Lombardía" junto a otras cuatro religiosas de su congregación. Veinte días después, tras largas noches sin tiempo y tardes de horizontes inalcanzables en medio del océano, el "Lombardía" llegaba al puerto de Buenos Aires con una monja cuya historia recién empezaba a escribirse.
Luego de pasar Navidad y Fin de Año en Buenos Aires, durante los primeros días de 1908 Sor María Ludovica recibió la orden de ir al Hospital de Niños de La Plata para encargarse de la cocina, la despensa y la ropería. Eran tiempos en los que al hospital platense se lo conocía como la "casa grande" y su edificio se reducía a una alambrada, un portón y dos salas de piso de madera con algo más de sesenta camas.
Cuentan quienes la conocieron años después que la monja italiana no durmió ni un instante la noche de su llegada, asustada por la nueva oscuridad, y que rezó cuantas oraciones recordaba para conjurar calamidades y acechanzas de la noche, mientras el murmullo de los niños dormidos en los cuartos vecinos se filtraba por los ventanucos de la antigua sala. Sin embargo, fue habituándose poco a poco a los nuevos olores, a los nuevos ruidos, y no tardó mucho en reconocerse en medio de ese reciente paisaje.
Lo primero que hizo al llegar fue colgar un crucifijo en la pared de su cuarto y organizar la comida de cada día. Trató de imponer criterios novedosos y medidas de seguridad hasta ese entonces no tomadas en "la casa grande", pero no le fue tan fácil como había supuesto en sus entusiasmos juveniles, pues la hasta ese entonces precaria casa de salud se empecinaba en sus supersticiones atávicas, como la de creer que los niños que desaparecían de noche era causa de los fantasmas que ingresaban a la hora del descanso.
Al año de haber llegado, el doctor Carlos Cometto le propuso ser la administradora del centro asistencial, y siete años después, tras la muerte de Sor María Rita Libardi, asumió como madre superiora del hospital. Fueron tiempos de mucho sacrificio, tanto que el empeño de la nueva superiora hacía posible que esa precaria casa de salud empezara poco a poco a ser un ejemplo de hospital en el país y el continente.
La rutina de aquellos días incluía un viaje diario que la superiora emprendía con un grupo de chicos subidos en una carreta municipal para pedir donaciones. Todavía la tuberculosis y el tétanos hacían estragos entre los más pequeños, y la idea de pedir ayuda casa por casa era una de las tantas estrategias que Sor Ludovica veía como herramienta digna y noble para pelearle a las enfermedades.
Las horas que le quedaban libres entre las rondas con la carreta municipal, consideradas de vanguardia para la época, y los proyectos para construir nuevas salas y que ella misma se encargaba de planificar, las consagraba a enriquecer sus conocimientos médicos. Había llegado a tener tanta experiencia en el trabajo hospitalario que a veces ella misma ayudaba a los médicos en operaciones de urgencia, aplicando una careta con éter y cloroformo para anestesiar a los enfermos y hasta colaborando con el vendaje final de una herida.
Entre los años 1925 y 1932 el esfuerzo de Sor Ludovica hizo posible que se construyera el pabellón de cirugía, otro para lactantes y enfermos de otorrinolaringología, un departamento para médicos internos, un salón de sesiones científicas, el servicio de rayos X, consultorios externos, el servicio de odontología, la farmacia, el vestíbulo, la capilla y el lavadero mecánico. En 1934, incluso, la superiora promovió también la construcción de seis salas para enfermos de ambos sexos con capacidad para 180 chicos.
Uno de esos chicos, Diómedes Corneli, ingresó al hospital el 13 de agosto de 1930 con una grave neumonía, y al morir su madre mientras él estaba internado, el destino quiso que quedara al cuidado de Sor María Ludovica. "Ella nos cuidaba como una madre -contaría Corneli mucho tiempo después-. Es más: ella fue quien me salvó la vida".
Lo que cuenta Diómedes ocurrió una tarde de 1934, cuando él y otros chicos estaban en el patio jugando a la pelota. Un pelotazo del pequeño Diómedes fue a parar a los techos del hospital y todas las miradas lo acusaron con un claro y silencioso mensaje: debía ser él quien fuera a buscar la pelota. Diómedes miró a sus amigos con una súplica recóndita de temor, pero ya era tarde y sabía lo que tenía que hacer. Fue así que trepó los cinco metros que separaban el suelo del techo y, ante la mirada atónita y algo temerosa de sus compañeros, trató de manotear la pelota. Trató pero no pudo. En una mala maniobra, pisó mal y fue a parar de cabeza contra el suelo. En un segundo, el patio tranquilo se convirtió en un pequeño charco de sangre y fue invadido por el griterío aterrado de los pibes.
Estuvo tres días en coma, y al tercer día los médicos resolvieron hacerle una delicada cirugía de cráneo. Pero Sor Ludovica se opuso. Nadie sabía por qué, pero ella dijo simplemente que había que esperar. Así lo hicieron, y al día siguiente el pequeño Diómedes abrió los ojos milagrosamente.
Mientras Diómedes se recuperaba y volvía a dar sus primeros pasos, los médicos de la casa de salud se miraban unos a otros sin entender y sin siquiera animarse a pronunciar la palabra sagrada: milagro. Así y todo, y acaso venciendo el respeto sacramental que impartía la italiana, uno de ellos se acercó una tarde a Ludovica y, casi en voz baja, le preguntó por qué se había negado a que se hiciera la operación. La superiora apenas sonrió y, haciendo uso de esa parquedad cordial que alguna vez alguien le elogió, dijo sin inmutarse: "Dios me dijo que no era necesario".
Acaso el trabajo, las horas cansadas y el ir y venir por las calles platenses pidiendo donaciones para el hospital, hicieron que la salud de Ludovica empezara poco a poco a flaquear. En 1935 una dolorosa enfermedad renal la postró durante varias semanas. Los médicos estudiaron el caso y decidieron extirparle el riñón, tras lo cual varias secuelas quedaron en el golpeado cuerpo de la superiora: dolores de cabeza, insomnios, trastornos en las vías urinarias, retención de líquido, hemorragias y una tremenda hinchazón de piernas que la hacía caminar con un andar demasiado lento para quienes la habían conocido años atrás.
Algún tiempo después de la operación, la congregación de religiosas del hospital le propuso a Sor Ludovica tomarse un período de descanso, el primero tras casi treinta años de trajines y desvelos. La superiora se embarcó así en el trasatlántico "Giulio Césare" y ya en Italia pasó sus días visitando laboratorios y hospitales para traer experiencias nuevas en su regreso a la Argentina.
La mañana que volvió al país la bahía berissense era un remanso de aguas tibias. Por encima de la bruma flotante, Sor María Ludovica vio los techos del frigorífico dorados por las primeras luces, vio los palomares en las terrazas de los conventillos cercanos, y orientándose por ellos trató de localizar el lejano lugar en el que debía estar su querido hospital, allá, hacia el oeste, donde suponía que a esa hora los chicos dormían y los médicos empezaban con sus primeras rondas. Esa suposición acaso la llenó de ternura, pero no hizo nada por agigantarla o reprimirla, sino que se valió de ella para hacer lo que ya sabía que tenía que hacer.
A los pocos días de bajar por la explanada del barco y dejar su viaje detrás, el 16 de setiembre de 1937, la superiora pidió ante el ministerio de Obras Públicas una chacra de 47 mil metros cuadrados en City Bell para cultivar y criar animales. El lugar era despejado y tranquilo, con el berrinche de los cerdos amarrados y el alboroto mañanero de las gallinas.
Le siguieron después, en 1943, la construcción de un solario en Mar del Plata y la habilitación de nuevas salas en el hospital platense. En 1951, el ministro de Salud bonaerense Carlos Boccalandro preparó un decreto para que el Hospital de Niños llevara el nombre de Sor María Ludovica pero, por cuestiones administrativas, el homenaje pudo concretarse recién tras su muerte. A Ludovica esa cuestión jamás la inquietó. "No hay mejor homenaje que estar en comunión con Dios", decía siempre, y así lo dijo también pocos días antes de morir, el 25 de febrero de 1962, con 82 años y una titánica obra sobre su encorvada espalda. Ese día, luego de la extremaunción dada por monseñor Antonio José Plaza, las campanas de la Ciudad tañeron lúgubres y el latín de los responsos invadió la capilla del hospital con una suavidad de sábanas recién cambiadas. Esta vez no era arriba de un barco, pero al igual que otras veces la vida de la reciente beatificada monja platense emprendía un nuevo viaje hacia una historia que, aquí también, recién empezaba a escribirse.